agosto 10, 2012

[Hakim Bey] Zona Temporalmente Autónoma 1. Utopías Piratas.

Utopías piratas Los piratas y corsarios del siglo XVIII crearon una «red de información» que envolvía el globo: primitiva y dedicada primordialmente a los negocios prohibidos, la red funcionaba admirablemente. Repartidas por ella había islas, remotos escondites donde los barcos podían ser aprovisionados y cargados con los frutos del pillaje para satisfacer toda clase de lujos y necesidades. Algunas de estas islas mantenían «comunidades intencionales», completas mini-sociedades que vivían conscientemente fuera de la ley y mostraban determinación a mantenerse así, aunque fuera sólo por una corta -pero alegre- existencia. Hace algunos años investigué un montón de material secundario sobre piratería, intentando encontrar algún estudio sobre estos enclaves, pero parece que todavía ningún historiador los había encontrado merecedores de análisis serio. (William Burroughs había mencionado el tema, como lo hizo el anarquista inglés Larry Law -pero no se había hecho ningún estudio sistemático). Me remití a la fuentes directas, y construí mi propia teoría, algunos de cuyos aspectos analizaré aquí. Decidí llamar a aquellos asentamientos «utopías piratas». Recientemente Bruce Sterling, uno de los máximos exponentes de la ciencia-ficción cyberpunk, publicó el relato de un futuro cercano partiendo de asumir que la decadencia de los sistemas políticos desembocaría en una proliferación descentralizada de experimentos sobre formas de vida: gigantescas corporaciones de propiedad obrera, enclaves independientes dedicados a la piratería de datos, enclaves verde-socialdemócratas, enclaves de trabajo cero, zonas anarquistas liberadas, etc. La economía de la información que sostenía esa diversidad era llamada «la red»,  sus enclaves -y el título mismo del relato-

Movilizaciones contra la crisis en España (II): el problema de la inacción de la oposición social

Las manifestaciones multitudinarias surgidas a raíz del 15 de mayo de 2011 fueron una buena muestra de que el descontento hacia las instituciones políticas y el sistema económico se ha generalizado. Contagiados del efecto de la revolución árabe y de las protestas griegas, en España comenzamos lo que pudo haber sido el principio de una crisis institucional que realmente ponga en peligro los cimientos de esta democracia vigilada al servicio de los intereses de la rancia oligarquía española y de los carroñeros financieros internacionales. Sin embargo, aún estamos lejos del #spanishrevolution. La energía de las multitudes que salieron a desafiar la represión policial y el desprecio político, no es la misma que se invierte un año después contra un enemigo político que tiene menos remilgos hacia la represión de las protestas que los demostrados por el ejecutivo anterior. Es posible que ahora mismo seamos presa de la incredulidad, ante el desajuste que supone la salvación del abismo que prometió el Partido Popular y la doctrina de choque económico a la que nos ha sometido. Ratificando la tesis de Naomi Klein, se ha aprovechado la coyuntura de crisis financiera para instaurar un estado de terror y confusión generalizado, con la intención de hacernos ver como inevitables las reformas que están haciendo desaparecer todo lo que se había conquistado socialmente. Así, es normal que se haya generalizado la indignación ante este expolio inaguantable, y que se haya reunido en la calle una amalgama de personas de distinta procedencia social que, en general,