septiembre 15, 2012

[Emma Goldman] En qué creo

En qué creo ha sido el objetivo en numerosas ocasiones de los gacetilleros. Tales historias espeluznantes e incoherentes se han lanzado sobre mí, que no me extraña que a cada ser humano común le dé un vuelco el corazón cada vez que se menciona el nombre de Emma Goldman. Es una lástima que no vivamos en los tiempos cuando las brujas eran quemadas en la hoguera y tortura­das para expulsar el espíritu maligno de sus cuerpos. Para ellos, de hecho, Emma Goldman es una bruja. Es verdad que no se come a los niños, pero ella ha hecho cosas más terribles. Fabrica bombas y juega con la vida de los dirigentes del Estado. ¡Uhhh! Tales son las impresiones que el público tiene sobre mí y mis ideas. Por ello es muy de agradecer que el World haya dado la oportunidad a sus lectores para que sepan realmente cuáles son mis creencias. El estudioso de la historia del pensamiento progresista es per­fectamente consciente de que cada idea, en sus primeros estadios, ha sido despreciada y que los defensores de tales planteamientos han sido calumniados y perseguidos. No hace falta ir dos mil años atrás, al tiempo en el cual los que creían en lo que predicaba Jesús eran arrojados a la arena o encerrados en calabozos, para perca­tarse cómo las grandes creencias o los más fervientes creyentes son incomprendidos. La historia del progreso está escrita con la sangre de los hombres y mujeres que se han atrevido a vincularse con causas impopulares,