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¡Bienvenida la Corrala Alegría! ¡Que se expanda el ejemplo a todos los ámbitos del sistema!

Ayer se le arrebató nuevamente a un banco un edifico vacío para que lo habitaran un grupo de familias con problemas de vivienda. La Corrala Alegría es el tercer edificio rescatado del abandono tras la Corrala Utopía y la Corrala CondeQuintana, que se unen en Sevilla a experiencias anteriores, como San Bernardo 52 y Begoña para que se cumpla el derecho de todo el mundo a tener una vivienda digna…

¡Enhorabuena, que cunda el ejemplo por el resto del estado!

En España se pudren miles de viviendas vacías hijas de la especulación criminal, mientras los bancos deshaucian y esclavizan a millones de familias con sus políticas de usura y disfrazan de  activos tóxicos a  edificios,  si no barrios enteros,  mientras se apropian de prácticamente todo el parque de viviendas y lo reservan para esperar que mejores tiempos permitan revalorizar zonas tradicionalmente obreras y adecuarlas a población que pueda costeárselo realmente.  Eso se llama especular con el Derecho Universal a la Vivienda, y las administraciones públicas son las principales cómplices en este proceso criminal.

¿A qué esperamos para pararles los pies?

Periódico ABC de Sevilla 21/05/1936
Huelga de Alquileres
ABC 21/05/1936

Sevilla es un buen ejemplo de activismo en este sentido en el estado español: desde la huelga de inquilinos de 1919 y 1936;  las luchas vecinales de los barrios de La Bachillera, Alameda, el Pumarejo y San Bernardo de las dos últimas décadas, las distintos Centros Sociales Okupados y Autogestionados que se suceden en los últimos años y la acción del 15-M  al apoyo al realojo de familias en dificultad nos muestra que la okupación es un instrumento de resistencia ante la ofensiva capitalista.

Experiencias de este tipo nos muestran el amplio apoyo popular y las connotaciones claramente políticas y anticapitalistas que tienen estos actos,  que pueden ser fácilmente trasladados a otros ámbitos críticos del sistema, como el de la producción (cuyo mayor exponente en este nuevo siglo ha sido movimiento de autogestión obrera y ocupación fabril en Argentina en 2001) o el de la propiedad de la tierra en Andalucía a través de las acciones de ocupación de fincas y marchas obreras del Sindicato Andaluz de Trabajadores (antes Sindicato de Obreros del Campo).

No hay, por tanto, razones para seguir posponiendo un movimiento generalizado de protestas que ponga en cuestión la legitimidad de este sistema depredador, si no es porque no podemos desembarazarnos del terror a la novedad que supondría la ruptura total con este pacto social absolutamente desfavorecedor para la mayoría.

 


Otras fuentes:

Iban Díaz, Experiencias de lucha contra la gentrificación en Sevilla. Cuba Siglo XXI (en línea)

VV.AA. El Gran Pollo de la Alameda (en línea)

Huelga de Alquileres en La Bachillera. La Haine.org (en línea), 30 de enero de 2004.

Mercè Cortina, Los primeros pasos en la lucha por la vivienda. Periodico Diagonal y Rebelion (en línea) 21 de marzo de 2010.

[Documental] Dios Bendiga a Islandia, de Helgi Felixson

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Documental dirigido por Helgi Felixson durante las protestas que acontecieron en el país nórdico a finales de 2008 y principios de 2009, cuando Islandia entró en situación de bancarrota y quiebra técnica a consecuencia de la crisis económica, los bancos islandeses Kaupthing, Landsbanki y Glitnir fueron rescatados con dinero público ya que no podían hacer frente a sus deudas, sobre todo por la caída en América de Lehmann Brothers. El primer ministro Geir H. Haarde, aladid del libre mercado y la bravura vikinga, ahora se enfrentaba a su pueblo por los desfases y barbaridades que habían cometido los directivos de los tres bancos islandeses. La bolsa cayó en un solo día un 77% y la moneda se devaluó a la mitad de su valor. Ahora los ciudadanos de uno de los sitios más prósperos del mundo se enfrentaban a hipotecas que no podían pagar y al desempleo masivo. Las protestas no se hacen esperar y el pueblo se reúne en la plaza central de Austurvöllur, donde se encuentra el parlamento (Alþingi), para exigir responsabilidades políticas y penales para los implicados en este desastre al que se ha conducido al país.

Desde el punto de vista de varios ciudadanos, vivimos cámara en mano cómo la gente está muy enfadada con sus líderes y exigen una dignidad como ciudadanos islandeses que se habían ganado y no se dejen pisotear por sus vecinos holandeses y británicos en cuanto al pago de intereses de la deuda. Los policías protegen la ley, pero, como se visiona en el documental, también son parte de ellos que no pueden ni pagar sus casas, eso sí, repartieron palos como en cualquier dictadura. Desde el 6 de octubre de 2008 hasta abril de 2009 no cejaron en su empeño en protestar en las calles y consiguieron que el gobierno de Geir Haarde cayese para poner a Johanna Sigurdardottir. Un asunto que no deja de sorprender en tanto que en estos días en todos los telediarios, conectan nada más comenzar con las revueltas en Túnez y Egipto, y las imágenes que se ven en el documental de revuelta no tuvieron apenas difusión en el mundo, es como aceptar la derrota del sistema liberal financiero en una democracia, cosa muy peligrosa de contagio en otros países europeos. Mucha gente abandona el país en busca de un futuro mejor, sobre todo a países vecinos como Dinamarca.

Título Original: Guð blessi Ísland
AKA: God Bless Iceland
Dirección: Helgi Felixson
País: Islandia
Año: 2009

[Carlos Taibo] Sobre la ‘Declaración de la Cumbre Social’: sindicatos mayoritarios y resistencias

 

En www.carlostaibo.com  30/07/2012

I

Leo la “Declaración de la Cumbre Social celebrada en Madrid el 25 de julio de 2012”, un texto que sirve de convocatoria para un conjunto de movilizaciones que se deben desarrollar en los próximos meses. Al parecer, lo han suscrito muchas de las organizaciones asistentes a la reunión correspondiente, con CCOO y UGT en cabeza. A título provisional, y a falta de más noticias, es un texto desalentador en el que no se aprecia voluntad alguna, siquiera retórica, de atraer a quienes no están próximos. No constituye, en modo alguno, un mínimo común denominador: excluye, y con claridad, a muchos.

Conforme a lo que se incluye en esas líneas es obligado deducir que lo que teníamos antes de 2007, el momento del estallido de la crisis financiera, era un dechado de perfecciones. Nos habíamos dotado, por lo que nos cuentan, de un modelo de convivencia que ha servido cabalmente durante nada menos que 35 años. Y disfrutábamos de una Constitución que aún hoy pone en nuestras manos instrumentos importantes. La transición política no es, entonces, objeto de cuestionamiento alguno en un escenario en el que –se nos dice– han despuntado los ‘logros laborales’ y el Estado del bienestar ha brillado con luz propia. Como quiera que ninguna mención se hace al respecto en el texto que me ocupa, está servida la conclusión de que habíamos resuelto los problemas principales en lo que se refiere a la situación de las mujeres, al medio ambiente y a los países del Sur. Si unas veces lo que se impone es el silencio –¿para qué hablar de la OTAN?–, en otras resulta fácil intuir un ejercicio de adoración del crecimiento y del consumo que dice poco de una comprensión cabal de nuestros deberes para con las generaciones venideras.

A semejante visión de los hechos se agrega la afirmación, un tanto sorprendente, de que la conciencia de que semejante paraíso empezaba a desvanecerse ha sido particularmente visible, en los últimos años, en el mundo sindical, que repetidas veces habría llamado la atención al respecto. Será en las filas del sindicalismo alternativo. Porque el registro de las cúpulas de CCOO y UGT parece muy distinto: no consta que en su momento plantasen cara a la burbuja inmobiliaria, han acatado sucesivas e impresentables reformas laborales, han hecho otro tanto con el pensionazo y, por si poco fuera todo lo anterior, no dudaron en respaldar en 2005 el infame Tratado Constitucional de la Unión Europea, corresponsable de muchos de nuestros males de hoy. En estas horas, y por lo demás, esas cúpulas no sienten mayor interés en postular una tarea inexcusable: la que invita a separar la deuda legítima de la ilegítima, como si su designio de romper las reglas del juego fuese, como siempre, limitadísimo. Parece que los sindicatos mayoritarios son parte del problema, y no los agentes mayores para resolverlo, y ello por mucho que hoy intenten ocultarlo.

Más allá de todo lo anterior, el texto arrastra dos taras insorteables. La primera asume la forma de un olvido más: el de que todo lo que tenemos hoy es una consecuencia directa, e inevitable, de lo que teníamos antes. Volver a 2007 es, como horizonte mental, una necedad que bebe de una ilusión óptica. La segunda es la dramática ausencia de proyecto alguno que implique una apuesta por cambiar de modelo. Es inevitable que, en esas condiciones, a muchos nos dejen fuera.

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