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[COMeIN] ¿Por qué lo llaman ‘content curator’ cuando quieren decir documentalista?

Sandra Sanz Martos, Revista COMeIN, Número 10 (abril de 2012)

uri: http://comein.uoc.edu/divulgacio/comein/es/numero10/articles/Article-Sandra-Sanz.html

La múltiple eclosión de nuevos perfiles profesionales gestados en el seno de la denominada web social es un fenómeno imparable. Ya comenté hace unos meses la figura del community manager y la falta de consenso existente entorno a sus funciones. Es el turno ahora del content curator, el cual, a diferencia del anterior, tiene su papel mucho mejor definido aunque quizás no es tan novedoso como algunos piensan.

El pasado 27 de marzo Dolors Reig, especialista en social media, fue entrevistada en el programa Singulars del Canal 33. A la pregunta que el presentador le hizo sobre los nuevos perfiles profesionales derivados de la web social, Reig destacó el content curator como uno de los cada vez más reconocidos y mejor valorados.  Sigue leyendo [COMeIN] ¿Por qué lo llaman ‘content curator’ cuando quieren decir documentalista?

BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología, de Edgardo Civallero

Extraido de: Edgardo Civallero, BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología. Astrolabio, Revista Virtual, Centro de Estudios Avanzados de la UNC, número 4, 11/09/06. En http://www.astrolabio.unc.edu.ar/articulos/bordes/articulos/civallero.php

Resumen

El poder de la información y, sobre todo, el que contienen y representan los soportes escritos, han sido controlados, manejados e influidos a lo largo de toda la historia humana por los poderes e ideologías dominantes. El actual paradigma de “Sociedad de la información” perpetúa tales políticas, generando profundos desequilibrios en el libre acceso al saber y, por ende, en las posibilidades de desarrollo y progreso de las sociedades humanas.

La bibliotecología ha sido partícipe (in)consciente de tales procesos de exclusión, desde su posición de gestora de la memoria colectiva de la humanidad. Desde un conjunto de corrientes de pensamiento alternativas –entre las cuales destaca el anarquismo bibliotecológico, cuyos lineamientos pretenden presentarse a lo largo del presente artículo- se propone una redefinición del modelo de sociedad de la información vigente, generando propuestas que conduzcan a un reparto equilibrado de los beneficios que aporta el conocimiento, patrimonio intangible universal de toda la especie.

La información y el poder

La información ha sido, desde el amanecer de la historia humana, un factor de poder. En las sociedades de tradición oral, el manejo de cierta categoría de conocimiento esencial para la vida de la comunidad –calendarios y medición del tiempo, ciclos agrícolas, salud, etcétera- quedaba reservado a ciertas clases sociales o a un grupo limitado de “iniciados”. El surgimiento y desarrollo de los distintos sistemas de escritura –controvertidos fenómenos que probablemente acontecieron en forma simultánea en distintos puntos del planeta– proporcionó una herramienta poderosa que permitió asentar el conocimiento en un soporte material, facilitando una gestión más eficiente del mismo y evitando confiar su supervivencia a la memoria –siempre lábil y subjetiva– de cualquier individuo1.

Sin embargo, también permitieron controlar la información, almacenarla y vedar su acceso, de acuerdo a los deseos e ideologías de las clases dominantes. De hecho, la mayor parte de las teorías arqueo-históricas relacionadas con el origen de la escritura apuntan hacia razones administrativas, religiosas o políticas (Wilford, 1999), relegando las razones sociales y artísticas a un segundo plano. Los propios sistemas de codificación escrita, manejados por una minoría que debía completar una larga formación especializada para dominarlos, presentaban, de por sí, una barrera inicial casi infranqueable ante cualquier deseo de acceder a la información.

Los escribientes –sacerdotes, funcionarios, escribas– estaban a las órdenes de los poderes de turno, a los cuales loaban (Sumeria, Persia, Mesoamérica), administraban (Mari, Nínive, Ugarit) o servían (Roma, Grecia, Babilonia). La palabra escrita tenía poder y origen divino (Mesoamérica, China, Mesopotamia, Egipto), abría las puertas del Más Allá2 o transmitía la palabra verdadera, desacreditando otras posibles opciones (textos religiosos).

La profesión de escriba adquirió, en el mundo antiguo, un apreciable status3. Archivos y bibliotecas (almacenes primarios de la información escrita) se convirtieron en puntos estratégicos, cuya destrucción era prioritaria en caso de ataque o conquista4. Así lo demuestran los tristemente célebres ejemplos mesopotámicos, perpetuados en Sarajevo en pleno siglo XX. Se destruía la memoria del pueblo5 y sus fuentes de poder6. Los escribientes no corrían mejor suerte: algunos frescos mayas de Bonampak (actual Guatemala) representarían la sangrienta toma de una ciudad y el castigo que sufrían los perdedores, sus manos amputadas para que no pudieran volver a plasmar las grandezas de poderes caídos o las memorias de pueblos vencidos.

La información ha sido, pues, factor de poder, y uno de los elementos de mayor importancia a lo largo de la historia del hombre, así como el más influido por las ideologías (Fulford, 1994). Con el desarrollo de los libros como formato estándar, y el de los sistemas de impresión en Europa (mediados del siglo XV), el conocimiento comenzó a ser objeto de (re)producción masiva, de compra y de venta. Se transformó en un bien de consumo más, y dejó de pertenecer (si es que alguna vez lo hizo) a la comunidad, para concentrarse en los estantes de las grandes bibliotecas (colecciones semi-museísticas de ejemplares lujosamente encuadernados) y en las manos de élites socio-políticas e intelectuales.

La evolución de los sistemas de almacenamiento, reproducción y transmisión de datos –que desembocó en el nacimiento de la “sociedad de la información” post-industrial- transformó al conocimiento en uno de los más importantes objetos de comercio del globalizado sistema económico capitalista. Las bases de datos y las publicaciones que contienen información estratégica (aquella de la cual depende el bienestar y el desarrollo del ser humano) se han vuelto elementos muy preciados, y, en consecuencia, altamente cotizados.

La información bajo el poder

En 1962, el economista norteamericano Fritz Machlup acuñó el término Industria del Conocimiento, rescatando un progresivo movimiento de las economías mundiales, que pasaban del uso de la “mano” de los operarios al de la “cabeza”. Este proceso, dado en forma paralela en el polo occidental del planeta y en Japón, buscó el aprovechamiento de los recursos intelectuales; especialmente del conocimiento científico abstracto, el cual permite la innovación, es la base de nuevas industrias y el punto de partida de políticas y de control social.

Hacia la misma época, la UMESAO, en Japón, genera el término Sociedad de la Información (jôhô shakai), como el estadío más avanzado y estilizado de evolución cultural y socio-económica al que puede arribar cualquier sociedad: un aprovechamiento total del conocimiento para alimentar el motor económico de un país con escasez de recursos naturales y abundancia de mentes.

En 1973, el sociólogo estadounidense Daniel Bell, en su libro The Coming of Post-Industrial Society, plantea el nacimiento de un nuevo paradigma socio-económico, que sustituiría al agotado sistema industrial capitalista: un sistema post-industrial en el cual el modelo tradicional de producción cambiaría por un modelo de servicios basados en el conocimiento (informática, investigación científica y desarrollo, educación, salud). Tales servicios se convertirían, de acuerdo al texto de Bell, en la espina dorsal de una nueva economía y de una nueva sociedad y una élite dominantes.

Efectivamente, durante las dos décadas posteriores, las potencias económicas del Norte migran sus industrias de manufactura a territorios de salarios bajos en el Sur, y se ocupan de re-estructurar sus realidades en torno a esta idea y a este nuevo paradigma (que el español Manuel Castells llamaría, más tarde, Sociedad Informacional, y el economista Alvin Toffler (1995) denominaría Tercera Ola). Aprovechando los intensos avances tecnológicos y científicos en el ámbito de las telecomunicaciones, la informática y la gestión del conocimiento, y aunando a ello el fenómeno de la globalización económica y el del incremento exponencial de la información impulsado por políticas académicas desequilibradas, se generó una propuesta que rápidamente alcanzó cada rincón del planeta. Estos tres elementos –tecnologías de la información, modos de producción y globalización—se vinculan, pues, en forma íntima para producir una nueva estructura social.

Dado que la información se transformó, en las últimas décadas, en un factor crítico en la dinámica y el crecimiento de la sociedad (vid.infra), el aprovechamiento de la misma en beneficio de los sistemas económicos hegemónicos parece lógico.

El problema de este modelo surge a partir de la década de los ‘90, cuando se observa que el crecimiento en los países pobres (el aprovechamiento del capital de conocimiento comercializado por este nuevo paradigma) se concentra en áreas urbanas y mercados limitados, normalmente ocupados por las clases sociales dominantes y pudientes (May, 2002). Se generan, en consecuencia, nuevas pobrezas, nuevas carencias, nuevas desigualdades (p.e. las Barreras Digitales señaladas por Gert Nulens (2001) y Servaes (2000)que continúan perpetuando políticas seculares de presión y de control).

En la actualidad, el uso de las TICs se ha vuelto casi vital en las sociedades occidentales, especialmente en las bibliotecas y centros de documentación. Sin embargo, en pocos casos se ha realizado un análisis crítico y profundo de lo que representan. En detrimento de formatos tradicionales y del acceso público a la información, la digitalización del saber humano –y de toda su realidad social e intelectual- no permite el acceso a este conocimiento (producto y herencia cultural común) a aquellos sectores de la población mundial que no disponen ni dispondrán jamás de la tecnología necesaria (alrededor de dos tercios de los habitantes del planeta); tecnología que, por otra parte, es monopolizada por corporaciones multinacionales del Primer Mundo que basan su producción en la explotación del trabajo de países en vías de desarrollo. Sigue leyendo BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología, de Edgardo Civallero

Disponible en E-LIS el 5º informe APEI 2010 sobre Alfabetización Informacional (ALFIN)

Se ha publicado en E-LIS el nuevo informe APEI, primero de los dos que se editarán en 2010, dedicado a la alfabetización informacional.

El informe ha sido redactado por Andoni Calderón Rehecho, responsable del Servicio de Información y Apoyo a la Docencia e Investigación de la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid, integrante del grupo de trabajo sobre ALFIN de REBIUN y del grupo de trabajo sobre el mismo campo del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, así como Secretario del Comité Permanente de la Sección de ALFIN de la IFLA.

El objetivo de este informe es analizar los conceptos relacionados con la alfabetización informacional (ALFIN), exponer sus principales normas y modelos, analizar cuestiones sobre evaluación y marketing de información, así como ofrecer recursos para disponer de toda la información necesaria para conocer en qué consiste la ALFIN y cómo se puede poner en práctica en bibliotecas.

Como en el resto de los informes de APEI, el resultado es un documento de síntesis en el que se recogen todos los ámbitos necesarios para introducir al lector en la alfabetización en información y para su aplicación práctica en planes y proyectos formativos de bibliotecas.

Contenido:

1. Alfabetización informacional, ¿de qué estamos hablando?
2. Declaraciones, normas, organizaciones
3. Modelos teórico-prácticos
4. Recapitulando: normas, modelos… definiciones
5. Los programas y planes, su evaluación y marketing
6. Los protagonistas formadores
7. Recursos de información
8. Bibliografía
9. Anexos

Enlace al Informe APEI: http://eprints.rclis.org/19154/