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BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología, de Edgardo Civallero

Extraido de: Edgardo Civallero, BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología. Astrolabio, Revista Virtual, Centro de Estudios Avanzados de la UNC, número 4, 11/09/06. En http://www.astrolabio.unc.edu.ar/articulos/bordes/articulos/civallero.php

Resumen

El poder de la información y, sobre todo, el que contienen y representan los soportes escritos, han sido controlados, manejados e influidos a lo largo de toda la historia humana por los poderes e ideologías dominantes. El actual paradigma de “Sociedad de la información” perpetúa tales políticas, generando profundos desequilibrios en el libre acceso al saber y, por ende, en las posibilidades de desarrollo y progreso de las sociedades humanas.

La bibliotecología ha sido partícipe (in)consciente de tales procesos de exclusión, desde su posición de gestora de la memoria colectiva de la humanidad. Desde un conjunto de corrientes de pensamiento alternativas –entre las cuales destaca el anarquismo bibliotecológico, cuyos lineamientos pretenden presentarse a lo largo del presente artículo- se propone una redefinición del modelo de sociedad de la información vigente, generando propuestas que conduzcan a un reparto equilibrado de los beneficios que aporta el conocimiento, patrimonio intangible universal de toda la especie.

La información y el poder

La información ha sido, desde el amanecer de la historia humana, un factor de poder. En las sociedades de tradición oral, el manejo de cierta categoría de conocimiento esencial para la vida de la comunidad –calendarios y medición del tiempo, ciclos agrícolas, salud, etcétera- quedaba reservado a ciertas clases sociales o a un grupo limitado de “iniciados”. El surgimiento y desarrollo de los distintos sistemas de escritura –controvertidos fenómenos que probablemente acontecieron en forma simultánea en distintos puntos del planeta– proporcionó una herramienta poderosa que permitió asentar el conocimiento en un soporte material, facilitando una gestión más eficiente del mismo y evitando confiar su supervivencia a la memoria –siempre lábil y subjetiva– de cualquier individuo1.

Sin embargo, también permitieron controlar la información, almacenarla y vedar su acceso, de acuerdo a los deseos e ideologías de las clases dominantes. De hecho, la mayor parte de las teorías arqueo-históricas relacionadas con el origen de la escritura apuntan hacia razones administrativas, religiosas o políticas (Wilford, 1999), relegando las razones sociales y artísticas a un segundo plano. Los propios sistemas de codificación escrita, manejados por una minoría que debía completar una larga formación especializada para dominarlos, presentaban, de por sí, una barrera inicial casi infranqueable ante cualquier deseo de acceder a la información.

Los escribientes –sacerdotes, funcionarios, escribas– estaban a las órdenes de los poderes de turno, a los cuales loaban (Sumeria, Persia, Mesoamérica), administraban (Mari, Nínive, Ugarit) o servían (Roma, Grecia, Babilonia). La palabra escrita tenía poder y origen divino (Mesoamérica, China, Mesopotamia, Egipto), abría las puertas del Más Allá2 o transmitía la palabra verdadera, desacreditando otras posibles opciones (textos religiosos).

La profesión de escriba adquirió, en el mundo antiguo, un apreciable status3. Archivos y bibliotecas (almacenes primarios de la información escrita) se convirtieron en puntos estratégicos, cuya destrucción era prioritaria en caso de ataque o conquista4. Así lo demuestran los tristemente célebres ejemplos mesopotámicos, perpetuados en Sarajevo en pleno siglo XX. Se destruía la memoria del pueblo5 y sus fuentes de poder6. Los escribientes no corrían mejor suerte: algunos frescos mayas de Bonampak (actual Guatemala) representarían la sangrienta toma de una ciudad y el castigo que sufrían los perdedores, sus manos amputadas para que no pudieran volver a plasmar las grandezas de poderes caídos o las memorias de pueblos vencidos.

La información ha sido, pues, factor de poder, y uno de los elementos de mayor importancia a lo largo de la historia del hombre, así como el más influido por las ideologías (Fulford, 1994). Con el desarrollo de los libros como formato estándar, y el de los sistemas de impresión en Europa (mediados del siglo XV), el conocimiento comenzó a ser objeto de (re)producción masiva, de compra y de venta. Se transformó en un bien de consumo más, y dejó de pertenecer (si es que alguna vez lo hizo) a la comunidad, para concentrarse en los estantes de las grandes bibliotecas (colecciones semi-museísticas de ejemplares lujosamente encuadernados) y en las manos de élites socio-políticas e intelectuales.

La evolución de los sistemas de almacenamiento, reproducción y transmisión de datos –que desembocó en el nacimiento de la “sociedad de la información” post-industrial- transformó al conocimiento en uno de los más importantes objetos de comercio del globalizado sistema económico capitalista. Las bases de datos y las publicaciones que contienen información estratégica (aquella de la cual depende el bienestar y el desarrollo del ser humano) se han vuelto elementos muy preciados, y, en consecuencia, altamente cotizados.

La información bajo el poder

En 1962, el economista norteamericano Fritz Machlup acuñó el término Industria del Conocimiento, rescatando un progresivo movimiento de las economías mundiales, que pasaban del uso de la “mano” de los operarios al de la “cabeza”. Este proceso, dado en forma paralela en el polo occidental del planeta y en Japón, buscó el aprovechamiento de los recursos intelectuales; especialmente del conocimiento científico abstracto, el cual permite la innovación, es la base de nuevas industrias y el punto de partida de políticas y de control social.

Hacia la misma época, la UMESAO, en Japón, genera el término Sociedad de la Información (jôhô shakai), como el estadío más avanzado y estilizado de evolución cultural y socio-económica al que puede arribar cualquier sociedad: un aprovechamiento total del conocimiento para alimentar el motor económico de un país con escasez de recursos naturales y abundancia de mentes.

En 1973, el sociólogo estadounidense Daniel Bell, en su libro The Coming of Post-Industrial Society, plantea el nacimiento de un nuevo paradigma socio-económico, que sustituiría al agotado sistema industrial capitalista: un sistema post-industrial en el cual el modelo tradicional de producción cambiaría por un modelo de servicios basados en el conocimiento (informática, investigación científica y desarrollo, educación, salud). Tales servicios se convertirían, de acuerdo al texto de Bell, en la espina dorsal de una nueva economía y de una nueva sociedad y una élite dominantes.

Efectivamente, durante las dos décadas posteriores, las potencias económicas del Norte migran sus industrias de manufactura a territorios de salarios bajos en el Sur, y se ocupan de re-estructurar sus realidades en torno a esta idea y a este nuevo paradigma (que el español Manuel Castells llamaría, más tarde, Sociedad Informacional, y el economista Alvin Toffler (1995) denominaría Tercera Ola). Aprovechando los intensos avances tecnológicos y científicos en el ámbito de las telecomunicaciones, la informática y la gestión del conocimiento, y aunando a ello el fenómeno de la globalización económica y el del incremento exponencial de la información impulsado por políticas académicas desequilibradas, se generó una propuesta que rápidamente alcanzó cada rincón del planeta. Estos tres elementos –tecnologías de la información, modos de producción y globalización—se vinculan, pues, en forma íntima para producir una nueva estructura social.

Dado que la información se transformó, en las últimas décadas, en un factor crítico en la dinámica y el crecimiento de la sociedad (vid.infra), el aprovechamiento de la misma en beneficio de los sistemas económicos hegemónicos parece lógico.

El problema de este modelo surge a partir de la década de los ‘90, cuando se observa que el crecimiento en los países pobres (el aprovechamiento del capital de conocimiento comercializado por este nuevo paradigma) se concentra en áreas urbanas y mercados limitados, normalmente ocupados por las clases sociales dominantes y pudientes (May, 2002). Se generan, en consecuencia, nuevas pobrezas, nuevas carencias, nuevas desigualdades (p.e. las Barreras Digitales señaladas por Gert Nulens (2001) y Servaes (2000)que continúan perpetuando políticas seculares de presión y de control).

En la actualidad, el uso de las TICs se ha vuelto casi vital en las sociedades occidentales, especialmente en las bibliotecas y centros de documentación. Sin embargo, en pocos casos se ha realizado un análisis crítico y profundo de lo que representan. En detrimento de formatos tradicionales y del acceso público a la información, la digitalización del saber humano –y de toda su realidad social e intelectual- no permite el acceso a este conocimiento (producto y herencia cultural común) a aquellos sectores de la población mundial que no disponen ni dispondrán jamás de la tecnología necesaria (alrededor de dos tercios de los habitantes del planeta); tecnología que, por otra parte, es monopolizada por corporaciones multinacionales del Primer Mundo que basan su producción en la explotación del trabajo de países en vías de desarrollo. Sigue leyendo BARRICADAS ENTRE LOS ESTANTES. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología, de Edgardo Civallero

Las infamias de una empresa criminal (Religión Católica)

Conferencia del escritor Fernando Vallejo en el Hay Festival, Cartagena 2009, a propósito de su libro “La puta de Babilonia”

Bibliotecarios contra la censura de libros en Estados Unidos

Es difícil pensar que un libro sobre seres tan inofensivos como los pingüinos pueda ser objeto de encendidos debates. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió con “Tres con tango” en Estados Unidos. El libro, escrito por Justin Richardson y Peter Parnell, relata la historia de dos pingüinos macho que crían un pichón huérfano. La historia, basada en un caso real ocurrido en el zoológico de Central Park de Nueva York, plantea la delicada cuestión de qué es lo que constituye a una familia. “Tres con tango” se ubicó entre los 10 libros más censurados en Estados Unidos desde su primera publicación en 2005.

Los libros “censurados” concentran la atención de varias actividades este mes. La Semana de Libros Prohibidos es una iniciativa nacional organizada por bibliotecarios con el fin de difundir el esfuerzo de algunas organizaciones por retirar ciertas obras de los estantes. La 29 edición terminará este sábado.

La proscripción de libros no es nueva en Estados Unidos. La Ley Comstock de 1873 fue la primera norma nacional que prohibió la distribución de obras “obscenas y/o lascivas”. A principios de los años 80 hubo un aumento repentino de la cantidad de libros censurados en bibliotecas, escuelas y librerías, que alarmó a los bibliotecarios.
La Asociación de Bibliotecarios Estadounidenses (ALA, por sus siglas en inglés) comenzó a registrar las obras censuradas, según denuncias de la ciudadanía, y a publicar una lista anual de ellas. “Tres con tango” figura en el documento junto con otras obras para jóvenes como la serie “Crepúsculo”. Clásicos como “El color púrpura”, de Alice Walker, “Matar un ruiseñor”, de Harper Lee, y el libro de Jerome David Salinger que en español se publicó con dos títulos “El cazador oculto” y “El guardián entre el centeno”. “Mucha gente asume que es libre de leer” lo que quiera, señaló Angela Maycock, ayudante de dirección de la Oficina de Libertad Intelectual de ALA, que facilita el acceso de todos al material de biblioteca.

El año pasado, ALA recibió denuncias de 460 libros censurados. Pero es sólo la punta del iceberg. La mayoría de las obras en esa situación pasa desapercibida. Muchos maestros se autocensuran y evitan problemas dejando de lado libros controvertidos, un “efecto escalofriante”, según lo calificó Joan Bertin, directora ejecutiva de la Coalición Nacional Contra la Censura (NCAC, por sus siglas en inglés).

Una publicación censurada no necesariamente se retira del estante. “En la mayoría de los casos no es así”, indicó Maycock. No hay estadísticas de la cantidad de libros que terminan en cuartos perdidos de las bibliotecas. Organizaciones dedicadas a preservar ciertos valores que consideran tradicionales critican los “libros malos” en la prensa, pero la mayoría de los actos de censura comienzan cuando una persona, a menudo un padre o una madre, protesta porque no le gustó alguna obra. Los libros suelen ser criticados por su lenguaje ofensivo o sexual, por su perspectiva religiosa, por describir la homosexualidad, la desnudez, ser sexista o simplemente por considerar que no es apropiado para una edad en particular.

La obra premiada de Sherman Alexie “The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian” (El diario absolutamente verdadero de un indio a tiempo parcial), de 2007, fue prohibida este mes por la escuela del distrito de Stockton, en el central estado de Missouri. El libro, que relata la historia de un adolescente indio que decidió ir a una escuela secundaria para blancos, formaba parte del programa de la escuela secundaria de Stockton. Pero algunos padres se quejaron de que violaba los valores de la comunidad por su lenguaje crudo y sus descripciones de carácter sexual. La prohibición de abril fue reconsiderada, pero, hace unas semanas se decidió retirar el libro de la biblioteca del distrito. La supresión fue “básicamente inconstitucional”, sostuvo Bertin, cuya organización defendió la distribución de la obra de Alexie.

Varios fallos judiciales, incluido uno de la Corte Suprema de 1982, dictaminó que no se pueden retirar libros de las bibliotecas por discrepancias con las ideas que expone. “Si hay una persona que pueda beneficiarse del libro es un delito retirarlo”, remarcó Maycock.

La censura de libros puede llegar a violar la libertad de expresión consagrada por la Constitución, alertó Larry Siems, director del programa libertad para escribir del Centro Estadounidense PEN.  Entre las decenas de actividades realizadas en todo el país en el marco de la Semana de Libros Prohibidos, que comenzó el sábado habrá foros de discusión y se publicará la lista de obras censuradas. Los 18 millones de miembros de la comunidad virtual “Second Life” también han podido participar en las distintas actividades realizadas en la “Isla ALA”.

También hay un espacio para que los participantes expongan su conocimiento sobre libros censurados. La gente también puede enviar vídeos caseros realizados bajo el lema “piensa por ti mismo y deja que otros hagan lo mismo”.

Fuente: http://periodismohumano.com/culturas/bibliotecarios-contra-la-censura-de-libros-en-estados-unidos.html

Enlace a La Semana de los libros Prohibidos