Documentos de 15-M (I) : El Eco del común: tu lucha también es la mía

Publicado en Madrilonia. Blog de Noticias sobre Madrid. http://madrilonia.org/?page_id=2838

El eco es un fenómeno acústico que hace que la voz vuelva a quien la ha emitido, una vez, dos veces, tres, las que sean pero consumiéndose poco a poco en el vacío. Con las redes sociales se han inventado nuevos tipos de eco, uno que cada vez nos es más familiar es el del retuiteo. Retuitear significa producir en común, hacer que lo común resuene, que haga eco.

El eco de lo común no se consume linealmente en el vacío, funciona de manera diferente ya que puede rebotar ganando fuerza millones de veces, crecer, amplificarse, también puede ser interrumpido y retomado más tarde. Lo que está claro es que cuanto más común más vida tiene. (Y no estoy hablando de la vida de un mensaje en las redes sociales en función de su popularidad, sino de sus efectos a corto, medio y largo plazo, según la validez política del mismo).

El eco que producimos en común tiene sus propias leyes pero en algo se parece al natural: deshinibe el deseo de gritar. En estos días el “no nos representan” ha sonado de la red a las plazas y de las plazas a la red. Nuestros gritos no se han agotado en el vacío sino que, contrariamente, lo han llenado de nuevos sentidos que dan inicio a un tiempo que todavía no sabemos bien que nos traerá pero que intuimos rebelde, deshinibido y renovador.

Fin de la claustrofobia

Para empezar utilizaré una idea que me parece ubicado en la base de las protestas que están teniendo lugar en estos días: la manifestación del 15M y las acampadas en las plazas que la siguieron significan el principio del fin de la claustrofobia. Claustrofobia que se vivía en las conversaciones angustiadas en los bares, de manera fragmentada, socialmente pero en privado, llenas de comentarios tipo “nadie hace nada”. Para acabar con la claustrofobia ha hecho falta la toma del ágora por excelencia, la plaza, las plazas, que se han convertido en el lugar de circulación de las palabras, de redimensionamiento de las conversaciones y de un #verbo digital, el del descontento, que se ha vuelto cooperación.

Las plazas señalan un punto de inflexión, sirven para retomar la confianza en la inteligencia colectiva y dan un aviso a la clase política: no nos representáis.

Cuando la Junta Electoral dictaminó prohibir las acampadas la reacción de desobedecer sobrevino de manera natural: no nos vamos. Nadie se atrevió ante la fuerza de los hechos a desalojar. Los gobernantes no quisieron poner más en cuestión su popularidad, no se arriesgaron a perder votos con una acción de fuerza; era el último gesto exhausto ante la capacidad social de arruinar el teatro de unas campañas electorales más marcadas por las panorámicas de las concentraciones masivas que por los primeros planos de los candidatos y sus mentiras.

Se anunciaba algún día de la semana en TV3 un 94% de apoyo social a las acampadas. Éste apoyo se traducía en donaciones de dinero, en recuerdos de revueltas, en alimentos comprados en el Corte Inglés, en infraestructuras, en caceroladas en balcones de toda la ciudad, en un tod@s somos la plaza. La legitimidad y la alegría se volvieron sinónimos en el léxico de los momentos ingobernables. La voz de la plaza reverberó en las ciudades, hizo eco y se amplificó en la red.

El inicio de un ciclo

El 15M y las plazas señalan el inicio de un ciclo. Previsiblemente la crisis se va a agudizar con la puesta en marcha de recortes, con la pauperización que trae consigo el desempleo, con las ejecuciones inmobiliarias que penden sobre millares de familias. Éste es el humus social a tener en cuenta por los gobiernos, éste es también el caldo de cultivo para una inevitable radicalización de la sociedad que comienza con la toma colectiva de palabra.

Gobernar la crisis sin la posibilidad de medidas redistributivas que hacían de colchón para aliviarla contribuirá, si se aplica de manera tan tajante como anuncia la derecha, a una situación en la que el mantenimiento del orden sistémico de la democracia es pura ciencia ficción. Se dan las condiciones para que la paz social se trunque y se convierta más en una utopía de un poder político ciego que en algo factible.

Personas afectadas por la hipoteca, generación no future, millones de personas sin trabajo, activistas anti guerra, personas contrarias a los recortes en sanidad, en pensiones, en educación, personas convencidas del agotamiento del actual sistema democrático, migrantes, personas desclasadas… Figuras sociales con el reto de resignificar la palabra común y reinventar la palabra nosotr#s. En las plazas se oye: Tu lucha es mi lucha. Vuestra lucha es nuestra lucha.

¿Cómo hacer del disenso un proceso de constitución de comunidades rebeldes decididas a conseguir nuevos derechos? La ciencia imperfecta de la meteorología anuncia vientos nuevos de autodefensa ante los excesos del poder, batallas por la reapropiación de la riqueza, momentos de ingobernabilidad, redes que se recombinan y se radicalizan y debates que proliferan en una sociedad que ha aborrecido el neoliberalismo porque padece sus consecuencias más extremas.

Nos toca inventar el mundo posterior al neoliberalismo. Nos toca reinventar la democracia. Nos toca luchar y perder el miedo.

Un nos toca que no es imperativo sino coincidencia de deseo y necesidad.

Joan M. Gual, Universidad Nòmada

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