[Luis García Fanlo] ¿Qué es un dispositivo?: Foucault, Deleuze, Agamben. (I) Foucault

En GARCÍA FANLO, LUIS* . ¿Qué es un dispositivo?: Foucault, Deleuze, Agamben. A Parte Rei, Revista de Filosofía, número 74, marzo de 2011. [En línea] serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/fanlo74.pdf  Con licencia Creative Commons “Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España (CC BY-NC-SA 2.5)“.

Foucault

En una entrevista concedida en 1977 (Foucault, 1984), Michel Foucault responde con una descripción cuando le  preguntan ¿qué es un dispositivo?, sin embargo esta descripción tiene tres niveles de problematización:

El dispositivo es una red

Lo que trato de situar bajo ese nombre es, en primer lugar, un conjunto decididamente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas,enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en resumen, los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no-dicho. El dispositivo es la red que puede establecerse entre estos elementos.

La naturaleza de la red

En segundo lugar, lo que querría situar en el dispositivo es precisamente la naturaleza del vínculo que puede existir entre estos elementos heterogéneos. Así pues, ese discurso puede aparecer bien como programa de una institución, bien por el contrario como un elemento que permite justificar y ocultar una práctica, darle acceso a un campo nuevo de racionalidad. Resumiendo, entre esos elementos, discursivos o no, existe como un juego de los cambios de posición, de las modificaciones de funciones que pueden, estas también, ser muy diferentes.

Dispositivo y acontecimiento

En tercer lugar, por dispositivo entiendo una especie —digamos— de formación que, en un momento histórico dado, tuvo como función mayor la de responder a una urgencia.

Esta primera aproximación resulta importante porque Michel Foucault al introducir el término dentro del campo filosófico omite sistemáticamente dar una definición explícita sobre el significado que él le asigna al término. A veces es utilizado como un concepto general y otras para hacer referencia a instituciones (cárcel, fábrica, escuela, hospital, cuartel, convento, entre otras), disposiciones arquitectónicas (panóptico), discursos, procedimientos, reglamentos, artefactos o formas de subjetividad (por ejemplo, el dispositivo de la sexualidad). Lo que queda claro es que un dispositivo no se reduce exclusivamente a prácticas discursivas (esto sería la episteme foucaultiana) sino también a prácticas no-discursivas y que la relación, asociación, interrelación o articulación entre éstas resulta un requisito excluyente.

Para Foucault los discursos se hacen prácticas por la captura o pasaje de los individuos, a lo largo de su vida, por los dispositivos produciendo formas de subjetividad; los dispositivos constituirían a los sujetos inscribiendo en sus cuerpos un modo y una forma de ser. Pero no cualquier manera de ser. Lo que inscriben en el cuerpo son un conjunto de praxis, saberes, instituciones, cuyo objetivo consiste en administrar, gobernar, controlar, orientar, dar un sentido que se supone útil a los comportamientos, gestos y pensamientos de los individuos.

Uno de los equívocos más generalizados que existen con relación al uso que Michel Foucault le asigna al término dispositivo consiste en utilizarlo como sinónimo de institución. Sin embargo de una lectura atenta de los textos foucaultianos se deduce claramente que lo que define al dispositivo es la relación o red de saber/poder en la que se inscriben la escuela, el cuartel, convento, hospital, cárcel, fábrica y no cada uno de ellos en forma separada. Un dispositivo sería, entonces, una relación entre distintos componentes o elementos institucionales que también incluiría los discursos, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, filosóficos, morales y/o filantrópicos, que circulan dentro de dicha relación; específicamente Foucault aclara que “el dispositivo mismo es la red que se establece entre estos elementos”.

Un dispositivo no es algo abstracto. En tanto red de relaciones de saber/poder existe situado históricamente —espacial y temporalmente— y su emergencia siempre responde a un acontecimiento que es el que lo hace aparecer, de modo que para hacer inteligible un dispositivo resulta necesario establecer sus condiciones de aparición en tanto acontecimiento que modifica un campo previo de relaciones de poder. El dispositivo no es algo externo a la sociedad pero tampoco ésta es externa al dispositivo y de la misma manera hay que pensar la relación entre dispositivo y sujeto.

La no-distinción entre dispositivo y uno o varios de sus elementos componentes también ha llevado a imprecisiones conceptuales que explican su funcionamiento como panóptico, por ejemplo, cuando se enuncia que “todo dispositivo es un panóptico” o que “la fábrica (o la escuela, el cuartel, la prisión, el hospital, por separado) funciona como un panóptico. El panóptico es una tecnología de poder que Foucault define como la utopía capitalista de vigilar sin ser visto tal como la formula Bentham para el diseño arquitectónico de la prisión a fines del siglo XVIII. Pero a Foucault no le interesa ese panóptico sino lo que denomina panoptismo:  “El panoptismo es el principio general de una nueva anatomía política” cuyo objeto y fin no es la relación de soberanía sino las relaciones de disciplinas… Se puede pues hablar en total de la formación de una sociedad disciplinaria en este movimiento que va de las disciplinas cerradas, especie de “cuarentena social” hasta el mecanismo identificadamente generalizable del “panoptismo” (Foucault, 1977).

En La verdad y las formas jurídicas, Foucault ejemplifica lo que quiere significar con el término dispositivo a partir de plantear a sus interlocutores un acertijo que consiste en deducir a qué institución se refiere un reglamento fechado a principios del siglo XIX. La lectura del reglamento resulta ambigua de interpretar ya que a veces parece que se refiere a una fábrica (hay producción de cosas), un convento (hay que rezar), una escuela (hay que asistir a clases), un asilo de mujeres (hay que ser mujer para estar allí), una prisión (hay que permanecer encerrado), un cuartel (hay un orden jerárquico regimentado), etc. La respuesta es que se trataba de una institución realmente existente y ampliamente difundida en Francia e Inglaterra, una fábrica en la que trabajaban exclusivamente mujeres (Foucault, 1973).  Este caso, centrado en el análisis de una institución históricamente situada, nos permite entender una de las formas en que puede ser abordado el análisis del dispositivo como red de saber/poder ya que si bien se trata de una fábrica nos hace ver que tal cosa solo puede hacerse inteligible en la medida en que logramos elucidar la forma social que la constituye como superficie de emergencia particular de una tecnología disciplinaria que responde a un tipo particular de sociedad: fábrica-prisión; fábrica-escuela; fábrica-convento; fábrica-asilo.

De igual modo en la Historia de la locura en la época clásica, Foucault analiza el “Gran Encierro” del siglo XVII con la creación del Hospital General de París y la proliferación de las workhouse en las que se encerraba en un mismo espacio a locos, indigentes, desocupados, libertinos, enfermos y delincuentes para luego mostrar como en el siglo XVII al determinarse que cada categoría de anormal debía ser aislada de la otra se produce una proliferación de instituciones de encierro cuya matriz es la misma: fábricas, conventos, hospitales psiquiátricos, hospitales de enfermos agudos y
crónicos, prisiones, cuarteles, asilos, etc.

Por otra parte, en el Seminario Los anormales dictado por Foucault en 1975, nos presenta otra forma de describir y analizar esta red de saber/poder que sería el dispositivo. Tenemos por un lado la institución “médico-psiquiátrica” y por el otro la judicial y lo que los convierte en dispositivos es el vínculo que los asocia a través de la práctica de la “pericia médico-legal”, algo que no es propiamente ni médico ni jurídico ni en su discurso ni en su práctica. La pericia médico-legal hace que exista una red de saber/poder vampirizando las instituciones que asocia al convertirlas en dispositivos.

A la vez, dado que esa red dispone determinados efectos y no otros para lograr un objetivo político se deduce que lo que está en juego en esta relación es un poder que dispone y necesita de un orden determinado para funcionar así como de un conjunto de saberes que describen, explican, legitiman, aseguran o respaldan la autoridad de ese poder para funcionar de una manera y no de otra.  Se trata, entonces, de una red de relaciones en las que está implicada una forma determinada de ejercicio del poder y de configuración del saber que hacen posibles determinados efectos de verdad y realidad.

De modo que el dispositivo no es una red entre instituciones ni tampoco las formas en que internamente se organizan los distintos componentes (discursivos y nodiscursivos) de una institución cualquiera. Para funcionar como dispositivo la
institución tiene que dejar de serlo por su captura en una red cuyos hilos son prácticas discursivas y no-discursivas que reconfiguran la naturaleza de las instituciones que asocian. Analizar un dispositivo consistiría entonces en descubrir esas prácticas que siempre son singulares porque su emergencia siempre responde a un acontecimiento históricamente particular (García Fanlo, 2007).

Un dispositivo sería entonces un complejo haz de relaciones entre instituciones, sistemas de normas, formas de comportamiento, procesos económicos, sociales, técnicos y tipos de clasificación de sujetos, objetos y relaciones entre éstos, un juego de relaciones discursivas y no discursivas, de regularidades que rigen una dispersión cuyo soporte son prácticas. Por eso no es exacto decir que los dispositivos “capturan” individuos en su red sino que producen sujetos que como tales quedan sujetados a determinados efectos de saber/poder.

Así entendido, el concepto de dispositivo viene a resolver uno de los principales cuestionamientos que se le hicieron a Foucault luego de la publicación de su Arqueología del saber y que Habermas resumió en los siguientes interrogantes:
“¿Cómo se relacionan los discursos con las practicas? ¿Es el discurso el que rige las prácticas o a la inversa? ¿Cómo debería pensarse la relación discurso-práctica? ¿Como una causalidad circular? ¿Base-superestructura? ¿Interacción entre estructura y acontecimiento?”

El dispositivo es el espacio de saber/poder donde se procesan tanto las prácticas discursivas como no-discursivas, no hay circularidad, ni interacción, ni mucho menos una relación “base-superestructura” ya que las formaciones discursivas producen los objetos de los que hablan (dominio de la arqueología del saber) en tanto los regímenes de enunciación organizan las posibilidades de la experiencia (genealogía del poder) de acuerdo a unas condiciones de posibilidad que se definen en la historicidad (a priori histórico) del acontecimiento. No es que saber y poder son la
misma cosa o dos cosas distintas exteriores la una a la otra sino elementos constituyentes de las prácticas sociales cuya relación debe ser explicada en su singularidad.

A un discurso determinado el dispositivo le asigna un sujeto para que garantice su veracidad, prestigio y autoridad invistiéndolo de unos derechos adquiridos por competencia, saber, trayectoria, etc. Se trata del análisis que Foucault realiza en El nacimiento de la clínica del caso del médico respecto del discurso clínico cuya validez es garantizada por los ámbitos institucionales que lo constituyen como tal (hospital, laboratorio, facultad de medicina, consultorio, etc.) y en los que sus prácticas son validadas como verdaderas y funcionan produciendo efectos de saber-poder que constituyen, al mismo tiempo, al sujeto enfermo al que atiende (Foucault 2008b). De igual modo habría que analizar el funcionamiento de la relación maestro-alumno en la escuela, patrón-obrero en la fábrica, etc. y siguiendo el ejemplo de la “pericia médicolegal” las múltiples formas en que se constituye la red entre escuela, fábrica, hospital, etc.


* Luis E. García Fanlo (Buenos Aires, 1957) es Doctor en Ciencias Sociales (UBA) y Sociólogo (UBA). Actualmente es Profesor de la Carrera de Sociología (Sociología de la argentinidad e Historia Social Argentina), y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (Seminario “Michel Foucault y la investigación en Ciencias Sociales”), así como Investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto de Investigaciones Gino Germani. Es Director del Proyecto de Investigación “La lógica de la argentinidad” y ha publicado una veintena de artículos en revistas académicas tanto nacionales como extranjeras entre los que se destacan “Tres modos de problematizar la argentinidad”, “Los sistemas prácticos de la argentinidad”, y “Genealogía del cuerpo argentino”. Autor del libro “Genealogía de la argentinidad”. Referencia del blog del autor: http://luisgarciafanlo.blogspot.com.es

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