[Michael Albert] ¡¿Anarquismo?!

Fuente: They Lie We Die

Como la mayoría de los movimientos sociales, el anarquismo comprende diversas posturas. En líneas generales, un anarquista busca e identifica estructuras de autoridad, jerarquía y dominación en todos los ámbitos de la vida, e intenta desafiarlas en tanto las condiciones y la búsqueda de la justicia lo permitan. Su objetivo es eliminar la subordinación. Se centra en el poder político, el poder económico, las relaciones de poder entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, entre comunidades culturales, sobre las generaciones futuras a través de los efectos en el medio ambiente y muchos otros. Por supuesto, los anarquistas se posicionan en contra del Estado y de las reglas corporativas de la economía nacional e internacional, pero también ponen en entredicho todos los demás casos y manifestaciones de autoridad ilegítima.

Entonces, ¿por qué todos los interesados en que las personas tengan un control adecuado sobre sus vidas no admiran el anarquismo?

Los problemas surgen porque al “oponerse a la autoridad ilegítima”, uno puede desarrollar movimientos realmente importantes, pero también irrelevantes. Si el anarquismo es un movimiento importante, las personas buenas lo admitirán y tenderán hacia el anarquismo. Pero si el anarquismo es irrelevante, entonces estas mismas personas tendrán dudas o se mostrarán hostiles a él. ¿Pero cuál es en la actualidad la versión no admirable o incluso desagradable del anarquismo? ¿Y cuál es el modelo digno de admiración? ¿E incorpora éste la perspicacia necesaria como para alcanzar el éxito?

El tipo “desagradable” de anarquismo rechaza las formas políticas, las instituciones, o incluso la tecnología o la búsqueda de reformas en sí mismas, como si las estructuras políticas, los acuerdos institucionales o incluso la innovación tecnológica impusieran intrínsecamente la autoridad ilegítima; como si relacionarse con las estructuras sociales actuales para obtener beneficios limitados fuera automáticamente un signo de hipocresía.

Es de suponer que aquellos que comparten esta visión consideran que la regulación y el uso de la fuerza por parte del Estado son utilizadas para someter a la mayoría. De esto deducen que el intento de administrar la justicia, legislar o llevar a cabo objetivos comunes, o incluso cooperar a gran escala en sí, son la causa del sometimiento. En realidad, se trata del resultado de hacerlo de cierta forma que favorece a los grupos dominantes, y lo que necesitamos es llevar a cabo positivamente estas mismas funciones.

Para esta corriente del anarquismo, muchas, por no decir casi todas nuestras instituciones, por un lado brindan la organización, la alimentación, el transporte, la vivienda y los servicios necesarios, pero a la vez restringen lo que la gente puede hacer en modos que se oponen a las aspiraciones y la dignidad humana. Creen equivocadamente que esto debe ser así para todas las instituciones en sí, y deducen que en vez de instituciones, necesitaríamos sólo interacciones voluntarias y espontáneas en las que todos los aspectos sean fluidos y generados y disueltos espontáneamente. Por supuesto, el hecho es que sin instituciones estables y duraderas, con normas y roles bien definidos, la relación avanzada entre distintas poblaciones, e incluso entre individuos, es totalmente imposible. El error está en pasar por alto que los roles institucionales que obligan a la gente a negar su humanidad o la de otros son detestables, mientras que las instituciones que permiten a la gente expresar su humanidad más completa y libremente no lo son, sino que constituyen una parte integral de un orden social justo.

La situación con la tecnología es similar. La postura crítica presta atención a las cadenas de montaje, las armas y el consumo de energía que destruyen nuestro planeta y dice que hay algo en la persecución del dominio tecnológico que intrínsecamente da lugar a esta serie de consecuencias horribles, de modo que deduce que estaríamos mejor sin tecnología. Por supuesto, esta visión no toma en cuenta que los lápices, nuestras ropas, y de hecho, todos los artefactos humanos, son tecnología y que nuestra vida sin ella, en el mejor de los casos, sería breve y tosca. Por lo tanto, no se trata de eliminar y escapar de la tecnología per se, sino de crear y conservar sólo las tecnologías que sirvan a las aptitudes y potenciales humanos.

Por último, en cuanto a las reformas, la corriente negativa percibe que los beneficios de muchas de éstas son pasajeros, y que incluso los grupos dominantes logran reforzar su legitimidad y extender su dominio y control a través de éstas, primero otorgando y luego domesticando y eliminando los avances. Pero nuevamente, esto no es consecuencia de los cambios o las reformas en sí, sino de los cambios creados, buscados y puestos en práctica por vías reformistas que presuponen, y no desafían, el sistema establecido. Lo que necesitamos no es dejar de buscar reformas, lo que supondría simplemente entregar el terreno de juego a los grupos dominantes, sino luchar por reformas “no reformistas”, es decir, luchar por reformas creadas, buscadas y puestas en práctica de modo que los activistas busquen aún más beneficios en una trayectoria de cambio que desemboque en la creación de nuevas instituciones.

No sería necesario siquiera tratar la “mala trayectoria” del anarquismo y sus confusiones anti-políticas, anti-institucionales, anti-tecnológicas y anti-reformas. Es muy natural y comprensible que la gente sensibilizada por primera vez por los males de la política, las instituciones, o la tecnología, o que participan en luchas por reformas que de momento fracasan, culpen a la categoría en su totalidad por cada uno de los males. Pero si después de esto se analizara el tema de forma racional, la postura sería sólo temporaria. Después de todo, sin estructuras políticas, sin instituciones o tecnología, por no mencionar las reformas progresistas, la humanidad apenas sobreviviría y mucho menos prosperaría ni desarrollaría sus muchas capacidades. Por supuesto, los medios de comunicación y los grupos dominantes se concentrarán en cualquiera de las trayectorias negativas del anarquismo y se servirán de ésta, mostrándola como el anarquismo en su totalidad, considerándolo así como algo confuso e indigno, sin valor y desacreditándolo por completo. En este contexto, los medios de comunicación destacarán a los más radicales (pero pintorescos) partidarios de estos puntos de vista contraproducentes, de modo que el enfoque objetable e insostenible en su totalidad adquiere un mayor grado de visibilidad que el que merecen sus impulsores, menos aún su lógica o sus valores.

Pero, ¿qué hay de la trayectoria positiva del anarquismo actual, omitida por los medios de comunicación? Personalmente, me inspira y anima mucho más. Se basa en la toma de conciencia que tiene como objetivo la lucha del lado de los oprimidos en todos los ámbitos de la vida, desde la familia a la cultura, el Estado, la economía, o el escenario actual de la “globalización”, hoy muy visible, en formas creativas y valientes, concebidas para producir mejoras en la vida actual de las personas y buscando también nuevas instituciones a mediano o largo plazo. El anarquismo positivo de hoy trasciende la intolerancia que muchas veces manifestó en el pasado. En vez de ser únicamente anti-autoritarios desde el punto de vista político, como ocurría a menudo en los viejos tiempos, hoy ser anarquista implica cada vez más tener una visión de género, cultura y economía tanto como una orientación arraigada en la política, en la que cada aspecto tiene una importancia similar y también da forma a los demás. Esto es nuevo, al menos en mi experiencia del anarquismo, y es útil recordar que muchos anarquistas hace apenas una década, quizá incluso más recientemente, hubieran dicho que el anarquismo se ocupa de todo, pero a través de un enfoque anti-autoritario, en vez de conceder importancia a otros aspectos por derecho propio. Estos anarquistas del pasado, implícita o explícitamente, pensaban que un análisis hecho desde un punto de vista estrictamente anti-autoritario podría explicar la familia nuclear mejor que un análisis arraigado también en conceptos de parentesco, y que podría explicar la raza o la religión mejor que un análisis basado en conceptos culturales, y que podría explicar la producción, el consumo y la distribución mejor que un análisis fundado en conceptos económicos. Estaban equivocados, y es un gran avance que muchos anarquistas modernos sepan esto y estén ampliando su planteamiento intelectual, de modo que el anarquismo actual no prioriza el Estado, sino también las relaciones de género, y no sólo la economía, sino también las relaciones culturales y la ecología, la sexualidad y la libertad en todas sus formas, y cada una de éstas no a través del prisma de las relaciones de autoridad, sino permeadas por conceptos más ricos y diversos. Y por supuesto, este anarquismo deseable no sólo no condena a la tecnología per se, sino que la convierte en algo familiar y utiliza diversos tipos de tecnología de forma adecuada. Y no sólo no condena las instituciones o las formas políticas en sí mismas, sino que intenta crear nuevas instituciones y formas políticas para el activismo y para una sociedad nueva, incluidas nuevas formas de encuentro, nuevas formas de toma de decisiones, nuevas formas de coordinación, etc., y más recientemente, incluyendo grupos de afinidades revitalizados y nuevas estructuras horizontales e integradas. Y no sólo no condena las reformas per se, sino que lucha por definir y producir reformas no reformistas, para atender a las necesidades inmediatas de las personas, mejorando sus vidas en la actualidad, así como encaminándose hacia la búsqueda de mayores beneficios, que puedan transformarse con el tiempo.

Así que, ¿por qué no triunfa la parte positiva del anarquismo sobre su parte negativa, dejando libre el camino para que todos aquellos en la izquierda se vean atraídos hacia su mejor lado? Parte de la respuesta, como se ha observado, es que los grupos de poder y los medios dominantes destacan la peor parte, otorgándole mucho más peso y tenacidad de la que tendría de otro modo. Pero parte de la respuesta está también en que el lado positivo del anarquismo contemporáneo es en muchos aspectos demasiado impreciso para destacarse sobre los demás. ¿Cuál es el problema? Creo que es que el buen anarquismo no plantea objetivos claros y convincentes.

Históricamente, el anarquismo se ha centrado en la esfera política de la vida. Pero incluso en este caso, con su larga historia, el anarquismo emergente de los movimientos actuales no nos aclara lo que podría ser una política anarquista. Suponiendo que las sociedades necesitan llevar a cabo funciones de administración de la justicia, legislativas y ejecutivas en la esfera política de la vida y que necesitan hacerlo a través de instituciones compuestas por ciudadanos, en las que éstos participan, ¿cómo deberían ser estas instituciones? Si la mala tendencia del anarquismo no es partidaria de las instituciones políticas, sino de las interacciones de individuos libres, cara a cara, espontáneamente, haciendo cada uno lo que ellos elijan sin coerción alguna, entonces, ¿cuál es el mejor punto de vista que propone la corriente buena del anarquismo? ¿Qué clase de estructuras, qué tipos de roles sociales y de normas llevarán a cabo las funciones políticas en una sociedad anarquista, propiciando al mismo tiempo los valores que sostenemos?

Tal vez resulte prematuro esperar del anarquismo ampliado recientemente que produzca desde dentro una visión convincente sobre el futuro de la religión, de la identificación étnica, o de la comunidad cultural, o una visión futura de las relaciones de parentesco, sexualidad, procreación o socialización, o incluso una visión futura de las relaciones de producción, consumo o distribución. Pero con respecto a la puesta en práctica y la protección ante los abusos de las agendas políticas compartidas, el arbitraje de disputas y la creación e imposición de normas de interacción colectiva, me parece que el anarquismo debería estar en el lugar de la acción. Sin embargo, ¿ha habido algún intento serio por parte del anarquismo para explicar cómo deberían resolverse las disputas legales? ¿Cómo debería funcionar el arbitraje? ¿Cómo deberían desarrollarse las leyes y la coordinación política? ¿Cómo deberían manejarse las violaciones y los problemas? ¿Cómo debería hacerse para poner en práctica de forma positiva los programas compartidos? En otras palabras, ¿cuál es el conjunto completo de alternativas institucionales positivas del anarquismo a las legislaturas, los tribunales, la policía y los diversos organismos directivos contemporáneos? ¿Qué instituciones buscan los anarquistas que pudieran incrementar la solidaridad, la equidad, la autogestión participativa, la diversidad y cualquier otra afirmación de la vida y los valores libertarios sobre los que se basan los anarquistas, llevando a cabo, al mismo tiempo, las funciones políticas necesarias?

Ningún grupo amplio de ciudadanos de sociedades desarrolladas va a arriesgar lo que posee, por poco que sea en algunos casos, para perseguir un objetivo acerca del que no tiene mucho en claro. ¿Cuántas veces tendrán que preguntarnos a favor de qué estamos antes de que les demos respuestas convincentes, serias, suficientemente extensas y pensadas cuidadosamente? Ofrecer una visión política que abarque la legislación, la ejecución, la justicia y su aplicación y que muestre cómo cada una de ellas se lograrían efectivamente por una vía no autoritaria, dando lugar a resultados positivos, no sólo proporcionaría esperanza a largo plazo a nuestro activismo contemporáneo, sino que además daría forma a nuestras respuestas inmediatas al sistema electoral, legislativo, judicial y de seguridad actuales, y por lo tanto, a muchas de nuestras decisiones estratégicas. ¿No debería la comunidad anarquista de hoy estar generando este tipo de visión política? Yo creo que sí, y espero ansiosamente que se haga pública pronto. De hecho, imagino que hasta que no haya un componente del anarquismo generalizado que plantee cambios positivos y valiosos en relación con los objetivos políticos, el componente negativo que condena todas las estructuras políticas e incluso todas las instituciones seguirá con un alto grado de visibilidad y reducirá de forma significativa la filiación potencial al anarquismo.

Algunos dirán que el anarquismo ya tiene una visión más que suficiente. Mucha visión limita el ingenio y la innovación. Mi respuesta es que éste es el mismo tipo de error que deshacerse de todas las estructuras políticas, las instituciones, la tecnología o las reformas. El problema no es la visión en sí misma. El problema es la visión que sostienen los grupos de poder y que beneficia sólo a éstos. Precisamente lo que necesitamos es una visión política de otro tipo, que sea accesible y pública, y que ofrezca una solución real a toda la población.

¿Cuál es el potencial del anarquismo entonces? Supongo que si el anarquismo ha reconocido realmente la necesidad de conceptos y prácticas basadas en la cultura, la economía y el género así como en la política; si puede servir de base para una visión cuyo origen se encuentre en otros movimientos acerca de las dimensiones sociales no gubernamentales y a la vez ofrece una visión política convincente; y si puede evitar confusiones extrañas sobre la tecnología, las estructuras políticas, las instituciones y la obtención de reformas, entonces creo que el anarquismo podría convertirse en el siglo XXI en una fuente principal de inspiración y sabiduría para los movimientos que luchan por hacer de nuestro mundo un lugar mucho mejor.

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