¿No pueden salvarse si no pueden venderse? De cómo los mercados de servicios ambientales empobrecen a la gente.

Extraído de WRM Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

En la última década varios economistas ambientales, en su mayoría radicados en EEUU, han promovido sin descanso mecanismos basados en el mercado como única solución posible para la conservación de la diversidad biológica. En respuesta, una gama de organizaciones e instituciones (que ya simpatizaban con las políticas neoliberales y en algunos casos las promovían activamente) abrazó con entusiasmo este enfoque de la conservación fundado en el mercado. Entre tales organizaciones se incluyen el Banco Mundial, varias grandes organizaciones conservacionistas y una amplia gama de instituciones y consultoras ambientales comerciales y semicomerciales.

Según sus defensores, la creación de nuevos mercados de servicios ambientales es la forma más eficiente de conservar bosques y otros activos ambientales. Alegan que al dar valor de mercado a estos “bienes” y crearles un mercado, la “mano invisible” del mercado generará automáticamente los objetivos deseados. Se cree que el mercado es la forma más efectiva y eficiente de reducir la contaminación porque la industria recibe incentivos para reducir sus emisiones de la manera más rentable. Alegan también que la reglamentación es ineficaz y onerosa porque aumenta los costos de la industria en lugar de disminuirlos. La pregunta es: ¿esto es realmente cierto o no? ¿Se trata de un mecanismo infalible para proteger la biodiversidad, sin impactos negativos sociales o ambientales?

El primer paso hacia el establecimiento de un mercado de servicios ambientales es la privatización y mercantilización de los activos ambientales y las funciones del ecosistema pertinente (bosques, por ejemplo). Muchos suponen que es posible cuantificar y mercantilizar los valores y bienes de la naturaleza. Esta suposición conviene a los intereses de quienes se benefician con el enfoque de mercado.

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