[Ratgeb – Raoul Vaneigem] De la huelga salvaje a la autogestión generalizada. Capítulo II. ABCD de la revolución

Capítulo II

ABCD de la revolución

  • [A partir de la ocupación de las fábricas]
  • [En caso de huelga salvaje limitada]
  • [Antes de la oleada de huelgas salvajes]

A) El objetivo del sabotaje y de la desviación (détournement), practicados individual o colectivamente, es desencadenar la huelga salvaje.

B) Toda huelga salvaje debe convertirse en ocupación de fábrica.

C) Toda ocupación de fábrica debe ser desviada y puesta inmediatamente al servicio de los revolucionarios.

D) Al elegir unos delegados – revocables a cada instante, encargados de recoger sus decisiones y de hacerlas aplicar – la asamblea de los huelguistas establece las bases de una organización social radicalmente nueva: la sociedad de la autogestión generalizada.

A partir de la ocupación de fábricas

1

Toda asamblea de huelguistas debe convertirse en asamblea de autogestión generalizada. Para ello basta:

a) Elegir unos delegados, revocables a cada instante, con el mandato de dar a sus decisiones fuerza de aplicación inmediata.

b) Asegurar la autodefensa.

c) Extenderse al conjunto de los revolucionarios y organizar su expansión geográfica según la mejor eficacia de desviación posible (por ejemplo, en las regiones que poseen a un tiempo recursos agrícolas e industrias básicas).

d) Generalizar la autogestión asegurando, de manera irreversible, el paso de la supervivencia a la vida.

2

Todo el poder pertenece a la asamblea, en cuanto que es el poder que cada cual quiere ejercer sobre su vida cotidiana.

3

La mejor garantía contra todo otro poder, necesariamente opresivo (como partidos, sindicatos, organizaciones jerarquizadas, grupúsculos intelectuales o activistas, embriones todos ellos de Estados), es la construcción inmediata de condiciones de vida radicalmente nuevas.

4

Sólo las federaciones de delegados reunidos en consejos pueden disolver el Estado a través de su paralización. Sólo la coordinación de las luchas por la autogestión generalizada puede liquidar el sistema mercantil.

5

Toda discusión y toda intervención deben culminar en una proposición práctica. Una medida tomada por la asamblea debe pasar inmediatamente a su ejecución.

ORGANIZAR RÁPIDAMENTE LA AUTODEFENSA

6

La autodefensa es el primer derecho de la asamblea de autogestión generalizada. Armar las masas, proteger y ampliar la conquista del territorio creando en él las condiciones de un mejor-vivir general.

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La revolución no se planifica ni se improvisa, pero se prepara. Así pues, es indispensable que las asambleas dispongan especialmente de las siguientes informaciones:

a) Las zonas de abastecimiento: emplazamiento de los almacenes, de los stocks, de los supermercados, de las redes de distribución. Emplazamiento de las fábricas que se suponen básicas y que convendrá automatizar cuanto antes; emplazamiento de las fábricas que se suponen reconvertibles y a transformar; emplazamiento de los sectores que se suponen parasitarios y a suprimir. Distribución de las zonas agrícolas.

b) Las zonas enemigas: emplazamiento d ellos cuarteles, comisarías, arsenales, depósitos de armas. Domicilio e itinerario de los jefes cuya neutralización desorganizará a las fuerzas estatales.

c) Las zonas de comunicación y de coordinación: emplazamiento de los depósitos de camiones, autobuses, trenes, aviones, garajes, depósitos de gasolina… Emplazamiento de los centros de telecomunicación: radios locales, imprentas, telex, offsets…

d) Las zonas de supervivencia: agua, electricidad, hospitales, centros sanitarios, fábricas de gas..

8

Tan pronto como una región está ocupada por los revolucionarios, debe ser desviada inmediatamente según dos principios indiscutibles: autodefensa y distribución gratuita de los bienes de producción.

9

La mejor manera de evitar el aislamiento es el ataque. Así pues, es necesario:

a) Crear, en una perspectiva internacionalista, otros focos de ocupaciones y de desviaciones.

b) Reforzar y proteger las comunicaciones entre las zonas revolucionarias.

c) Aislar al enemigo y aislar sus comunicaciones, recurrir a comandos de intervención rápida para hostigar su retaguardia y evitar, dividiéndole, sus maniobras de cerco.

d) Desorganizar la contrarrevolución poniendo fuera de combate a sus jefes principales y a sus mejores estrategas.

e) Servirse de las imprentas, de las radios locales, de las telecomunicaciones para difundir la verdad sobre el movimiento de autogestión generalizada y explicar lo que queremos y lo que podemos. Hacer de modo que las masas, en cada barrio, en cada ciudad y pueblo, estén al corriente de lo que sucede en el resto del país. Coordinar los combates callejeros y coordinar las luchas de las ciudades y el campo.

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Evitar las técnicas antiguas, pasivas y estáticas, como barricadas, manifestaciones de masas, luchas de tipo estudiantil. Es extremadamente importante inventar y experimentar tácticas nuevas e inesperadas.

11

El éxito de una guerrilla urbana que interviene como apoyo táctico a las fábricas ocupadas reside en la rapidez y la eficacia de sus incursiones, de ahí la importancia de pequeños comandos de intervención que reúnan a todos aquellos que los defensores del estado de todo tipo ya están llamando los “gamberros del barrio” y los “gamberros de la fábrica”.

12

Nuestro objetivo es impedir cualquier violencia contra el movimiento de autogestión generalizada, no extenderlo mediante la violencia. El desarme del enemigo nos interesa más que su liquidación física. Cuanto más decidida y rápida sea nuestra acción, menos sangre se derramará.

13

La adhesión de una parte de las personas inicialmente hostiles a la autogestión generalizada es la piedra de toque que permitirá valorar el éxito de las primeras medidas adoptadas y su conveniencia para todos.

14

De todas formas, hay que contar con los condicionados por la jerarquía a quienes los hábitos de esclavos, el autodesprecio, la costumbre de la inhibición y el gusto del sacrificio empujan a su propia destrucción y a la destrucción de todos los progresos de la libertad concreta. De ahí por qué es útil neutralizar desde el comienzo de la acción insurreccional a los enemigos de dentro (jefes sindicales, hombres de partido, obreristas, esquiroles) y a los enemigos de fuera (patronos, cuadros, policía, ejército).

15

En caso de aislamiento o de extinción de la insurrección, la autodefensa prescribe el análisis de las diferentes formas de retirada posibles. Estas formas variarán según el grado de la lucha emprendida, la naturaleza de los errores cometidos (por ejemplo, la incoherencia interna del movimiento), la violencia de los medios puestos en práctica por el enemigo, la represión previsible, etc.

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No tenemos por qué temer un fracaso sino intentar cuanto esté en nuestra mano para preverlo, evitarlo y detener la represión. “No es un revolucionario sino un individuo que todavía no se ha liberado del intelectualismo y que objetivamente se encamina hacia la contrarrevolución el que sólo admite la revolución proletaria si se realiza fácilmente y sin enfrentamientos, se asegura inmediatamente la ayuda del proletariado mundial y elimina de antemano la eventualidad de las derrotas.”

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Los verdugos de la Comuna de París y de Budapest nos han enseñado que la represión siempre es despiadada y que la paz de los cementerios es la única promesa mantenida por las fuerzas del orden estatal. Llegados a una fase de enfrentamiento en que la represión no perdonará a nadie, no perdonemos tampoco a ninguno de los cobardes que esperan nuestra derrota para convertirse en verdugos. Quememos los barrios residenciales, liquidemos los rehenes, arruinemos la economía a fin de que no subsista nada de lo que nos ha impedido ser todo.

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Enterados de lo que nos espera y decididos, una vez asegurada nuestra victoria, a perdonar a los antiguos enemigos, estamos dispuestos a emplear todas las formas de disuasión en el curso de la lucha, y muy especialmente la destrucción de las máquinas, de los stocks y de los rehenes con el fin de obtener la retirada y el desarme de las fuerzas estatales. En una fase menos dura del enfrentamiento, es útil contar el agua, el gas, la electricidad, el combustible, en los barrios burgueses y de los dirigentes, llenarlos de basura, sabotear los ascensores de los bloques residenciales, etc.

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La voz de las masas sólo se hace oír en el estruendo de las armas. Las dotes inventivas de cada cual crearán unas armas insólitas y eficaces para el uso de los comandos de autodefensa. Al bricolage seguirá cuanto antes la reconversión de las máquinas que se hallan en nuestras fábricas, según un programa de armamento rápido definido por las asambleas de autogestión generalizada.

20

Entre las armas de intervención inmediata, conviene prever los tubos convertidos en cañones lanza-cohetes (experimentados en Venezuela hacia los años 1960), los cohetes tierra-aire (experimentados en los clubs de jóvenes científicos), las catapultas para granadas y cócteles molotov, los lanzallamas, los morteros, los aparatos de ultra-sonidos, los lásers… Se estudiarán asimismo las diferentes formas de blindaje de los camiones y de los bulldozers reconvertidos, los chalecos anti-balas, las máscaras de gas, los productos que neutralizan los efectos de los gases paralizadores, la utilización del LSD en el agua de los enemigos, etc.

21

Estudiar armas anti-helicópteros: perfeccionamiento del cañón contra el granizo, cohetes tierra-aire, cañones ligeros teledirigidos, lásers, tiradores de élite, estacas que impidan el aterrizaje…

22

Preparar la defensa contra los blindados: silos anti-tanques, cohetes teledirigidos, perforadores de blindados, chorros de napalm, minas…

23

Proteger los techos y los sótanos, crear pasajes de un edificio a otro para permitir el desplazamiento rápido y seguro de los comandos de autodefensa.

24

Recurrir a la astucia y a las armas teledirigidas a fin de exponerse lo menos posible al peligro.

ACELERAR EL PASO DE LAS CONDICIONES DE SUPERVIVENCIA A LAS CONDICIONES DE VIDA

25

Venceremos sin lugar a dudas si somos capaces de concretar para todos el paso de la supervivencia a la vida. Esto no significa que consigamos derribar el sistema mercantil en el primer combate. Significa únicamente que las primeras medidas adoptadas y aplicadas por las asambleas de autogestión deben hacer doblemente imposible cualquier retroceso: destruyendo las condiciones antiguas y creando tales ventajas que nadie permita verse desposeído de ellas.

26

Las primeras ventajas de la autogestión generalizada residirán necesariamente en:

a) El final del sistema de intercambios y de la condición asalariada sustituidos por la distribución gratuita de los bienes necesarios a la vida de cada cual.

b) El final del trabajo forzado sustituido por el paso de las fuerzas productivas bajo el control directo de las asambleas de autogestión, y por el libre florecimiento d ella creatividad individual y colectiva.

c) El final del tedio, de las inhibiciones, de las obligaciones sustituidos por la organización de condiciones sociales apasionantes, por una autonomía que permita a cada individuo realizarse disponiendo de la ayuda de todos, por el reconocimiento, la emancipación, la multiplicación y la armonización de las pasiones hasta ahora empobrecidas, sacrificadas, entorpecidas, falsificadas y a menudo encaminadas hacia la destrucción.

De manera que la historia registre, definitiva y simultáneamente, en negativo la aniquilación del sistema mercantil y en positivo la construcción de una sociedad radicalmente nueva, ya presente en el corazón de todos.

27

Desde el comienzo del movimiento, se trata de impedir todo retroceso, de quemar a nuestras espaldas las naves del viejo mundo, ayudando a la desaparición de los bancos, de las cárceles, de los asilos, de los tribunales, de los edificios administrativos, de los cuarteles, de las comisarías, de las iglesias, de los símbolos opresivos. Así como de los archivos, de los ficheros, de los documentos de identidad, de las letras de cambio y pagos a plazos, de las hojas de impuestos, de los papeleos financieros y demás. Destrucción de las reservas de oro mediante el agua regia (mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico).

28

En la medida de lo posible, destruir las estructuras de la mercancía antes que las personas, y liquidar únicamente a aquellos que intentan devolvernos al régimen de la explotación, de la servidumbre, del espectáculo y del tedio.

29

El final de la mercancía significa la promoción del DON bajo todas sus formas. Las asambleas de autogestión generalizada organizarán, por consiguiente, la producción y la distribución de bienes básicos. Registrarán las ofertas de creación y de producción por una parte, las demandas individuales por otra. Unos tableros mantenidos al día permitirán que cada cual conozca los stocks disponibles, el número y la distribución de las demandas, la localización y el movimiento de las fuerzas productivas.

30

Las fábricas serán reconvertidas y automatizadas o, en el caso de los sectores parasitarios, destruidas. En todas partes existirán unos talleres de creación libre puestos a disposición de todos los talentos.

31

Los edificios parasitarios (oficinas, escuelas, cuarteles, iglesias…) serán, por decisión de las asambleas de autogestión generalizada, destruidos o preferentemente convertidos en graneros colectivos, almacenes, alojamientos para viajeros, laberintos y terrenos de juego.

32

Transformar los supermercados y los grandes almacenes en centros de distribución gratuita, examinando la conveniencia de multiplicar por la región los pequeños centros de distribución (reconversión de las tiendas y de las tabernas, por ejemplo).

33

Las necesidades cambian en cuanto desaparece la dictadura mercantil, que no ha cesado de falsificarlas. De este modo, la mayor parte de los coches se convierten en inútiles tan pronto como el espacio y el tiempo pertenecen a todos y es posible desplazarse libremente sin limitación de horario. Así pues, no sólo es necesario prever la aparición de demandas radicalmente nuevas, de fantasías individuales, de pasiones insólitas, sino también hacer todo lo posible para satisfacerlas, de modo que el único obstáculo para su realización resida en la falta momentánea de equipo material y no en la organización social.

34

El proyecto de abolir la diferenciación entre ciudades y campo exige la descentralización del hábitat (derecho al nomadismo, derecho a construir la casa en cualquier territorio disponible), la destrucción de las industrias nocivas y contaminantes, la creación en las ciudades de zonas de cultivo y de pastoreo (en los Champs-Elysées, por ejemplo).

35

En el momento insurreccional, todas las profesiones tienen la oportunidad de negarse como trabajo forzado. La pequeña chispa pasional que permitía soportar la dura alienación del oficio ejercido para sobrevivir se abrirá hacia unas vocaciones nuevas y libres. A quien le guste enseñar dará su lecciones en la calle; a quien le guste cocinar dispondrá de cocinas “comunes” instaladas en todas partes y a cuál mejor. De este modo, cada disposición creativa dará lugar a un artesanado libre y a una profusión de singularidades.

36

Cada cual tiene derecho a dar a conocer sus críticas, sus reivindicaciones, sus opiniones, sus creaciones, sus deseos, sus análisis, sus fantasías, sus problemas… a fin de que la mayor variedad pueda engendrar las mejores posibilidades de encuentro, de acuerdos de armonización… Las imprentas, télex, offsets, radios, televisiones pasadas a manos de las asambleas serán puestos para ello a disposición de cada individuo.

37

Nadie luchará sin reservas si no aprende primeramente a vivir sin tiempos muertos.

En caso de huelga salvaje limitada.

TODA HUELGA DEBE CONVERTIRSE EN HUELGA SALVAJE

38

El auténtico sentido de una huelga es el rechazo del trabajo alienado y de la mercancía que produce y que lo produce.

39

Una huelga sólo adquiere su auténtico sentido convirtiéndose en huelga salvaje, es decir, liberándose de lo que obstaculiza la autonomía de los obreros revolucionarios: partidos, sindicatos, patronos, jefes, burócratas, candidatos a burócratas, esquiroles, trabajadores con mentalidad de policía y de esclavo.

40

Cualquier pretexto es bueno para desencadenar una huelga salvaje, pues no hay nada que justifique el embrutecimiento del trabajo forzado y la inhumanidad del sistema mercantil.

41

Los obreros revolucionarios no necesitan agitadores. El movimiento de agitación general parte exclusivamente de ellos.

42

En la huelga salvaje, los huelguistas deben ejercer el poder absoluto, con exclusión de cualquier poder exterior a ellos.

43

La única manera de mantener a raya las organizaciones externas – todas ellas recuperadoras – es conceder todo el poder a la asamblea de los huelguistas y elegir unos delegados encargados de coordinar las decisiones y de hacerlas aplicar.

44

Por limitada que sea, una huelga salvaje debe hacer todo lo posible por obtener el apoyo de la mayoría. Por ejemplo, poniendo en marcha los hábitos de gratuidad: huelga de las cajeras de supermercado permitiendo la distribución gratuita de los bienes expuestos y almacenados; distribución por los obreros de los productos fabricados por ellos o sacados de los stocks.

TODA HUELGA SALVAJE DEBE CONVERTIRSE EN OCUPACIÓN DE FÁBRICA. – TODA OCUPACIÓN DE FÁBRICA DEBE CULMINAR EN SU DESVIACIÓN INMEDIATA

45

La ocupación de fábrica traduce la voluntad de los obreros revolucionarios de ser los dueños del espacio y del tiempo ocupados hasta el momento por la mercancía. Si no desvían la fábrica en su propio beneficio, ellos significa que renuncian a la creatividad que quieren ejercer y a sus derechos más indiscutibles.

46

Una fábrica ocupada y no desviada aporta al espectáculo de la impotencia en romper el sistema mercantil el argumento decisivo que siempre necesitan los aparatos burocráticos, los manipuladores ideológicos y todos aquellos que olvidan que la riqueza de las posibilidades técnicas, actualmente a nuestro alcance, convierte en ridícula la acusación de utopía.

47

Una fábrica ocupada debe ser inmediatamente desviada en favor de la autodefensa (fabricación de armas y de blindajes) y de la distribución gratuita de todo cuanto puede fabricarse en ella de útil.

48

Para salir del aislamiento, los revolucionarios sólo pueden contar con su creatividad. Es especialmente importante:

a) Prever las formas de apoyo táctico de los restantes trabajadores fuera de las fábricas: por ejemplo:, los impresores pueden intervenir en los diarios que imprimen para dar informaciones exactas y difundir el programa de los obreros en huelga; los estudiantes y estudiantas medios pueden apoderarse de las escuelas, formar cadenas de información con el resto del país, atacar las fuerzas del orden por la espalda; los habitantes de una región pueden neutralizar las fuerzas represivas y formar con los huelguistas unas asambleas de autogestión generalizada; los soldados pueden apoderarse de los cuarteles y tomar a sus jefes como rehenes; los abogados pueden apoderarse de los jueces como rehenes y entregarlos a los huelguistas… En el momento revolucionario, no hay función que no pueda ser destruida dirigiéndose hacia la subversión.

b) Internacionalizar el conflicto, extender las huelgas salvajes entre divisiones de un mismo complejo industrial alejadas geográficamente, entre firmas conexas o complementarias de un país a otro, entre una fábrica y sus fuentes de aprovisionamiento. No sólo la desviación de una región económicamente viable prescinde de fronteras, de regionalismos, de nacionalismo, sino que es la base sobre la cual ya no se construirá una internacional política y sí, por el contrario, una internacional de la práctica revolucionaria.

c) Conferir su plena coherencia a la guerrilla de autodefensa; lanzar asaltos de comandos contra los cuarteles, los arsenales, la radio para apoyar y desarrollar el movimiento obrero revolucionario, y no separadamente como hace el terrorismo, el blanquismo o el activismo izquierdista; recurrir a los atentados, en el caso de que sea útil, sólo de manera selectiva (jefes contrarrevolucionarios que conviene poner fuera de combate, nidos de policías que conviene neutralizar…) y jamás de manera ciega (bombas en las estaciones, los bancos, los lugares públicos).

49

A los rehenes vivos como patronos, ministros, obispos, banqueros, generales, altos funcionarios, gobernadores, jefes de policía, conviene preferir rehenes materiales: stocks, prototipos, reservas de oro y de plata, máquinas muy costosas, instrumental electrónico, altos hornos, etc.

50

Hay que saber conjugar los medios de presión y de disuasión y la naturaleza de las reivindicaciones. Por ejemplo, es absurdo, como hicieron los obreros de las industrias Salée de Lieja (septiembre de 1973), amenazar con hacer saltar la fábrica para obtener una entrevista con los parlamentarios. Los recursos a medios extremos deben culminar en medidas radicales (por ejemplo, en la liquidación del enemigo estatal, en el desarme de las fuerzas represivas, en la evacuación de una ciudad o de una región por la policía y el ejército).

51

No afrontar riesgos más que cuando el resultado los compensa. Si hay riesgo de aislamiento, es mejor abandonar pero preveyendo nuevos intentos, evitando la represión y aprovechando en favor de los revolucionarios cada retroceso momentáneo.

52

En caso de amenaza represiva, estudiar la destrucción de los lugares y de los rehenes. Lo que no puede ser desviado en favor de todos puede ser destruido; en caso de victoria, reconstruiremos, en caso de derrota, precipitaremos la ruina de la mercancía.

53

Hay que renunciar de una vez por todas a las manifestaciones de masas y a los enfrentamientos de tipo estudiantil (adoquines, palos barricadas). Para proteger la mercancía, la policía no vacila en disparar. Los comandos de intervención deben conseguir cuanto antes el desarme y la neutralización de los defensores del Estado.

54

Jamás prestar confianza a los defensores del Estado, no aceptar ninguna tregua, extender el movimiento lo más rápidamente posible, y no olvidar la ferocidad de las represiones burguesas y burocráticas.

Antes de la oleada de huelgas salvajes.

EL EJERCICIO INDIVIDUAL DEL SABOTAJE Y DE LA DESVIACIÓN ES EFICAZ CUANDO CULMINA EN EL DESENCADENAMIENTO DE LA HUELGA SALVAJE.

55

Cualquier obrero tiene el derecho de desviar en uso propio los productos y las técnicas utilizadas hasta entonces contra él.

56

Cualquier obrero tiene el derecho a sabotear todo lo que sirve para destruirle.

57

El sabotaje y la desviación son los gestos espontáneos más extendidos en los medios obreros. Basta con extender por doquier la buena conciencia y repetir su utilidad para multiplicarlos, perfeccionarlos y darles la mayor coherencia.

58

En 1972, un informe presentado por unos funcionarios del Comisariado para la protección del Estado y para el respeto de la constitución, y por unos responsables de la seguridad en la industria de la República Federal Alemana, refería los siguientes actos de sabotaje económico:

En una fábrica de neumáticos, las soluciones que intervienen en su fabricación han sido alteradas más de una vez por diferentes medios.

En los alrededores de una central siderúrgica, dos hombres han cortado las válvulas de llegada de gas, provocando el enfriamiento de un alto horno y, con ello, unas pérdidas en la producción que se elevaron a varios millones de marcos.

Una firma que fabricaba tubos de televisión tuvo que afrontar numerosas reclamaciones y descubrió que el cristal había sido ensuciado por la adición de productos químicos.

Una bodega que contenía unas máquinas de gran valor se inundó a causa del corte de una conducción de agua.

Unos desconocidos robaron las cartas perforadas en un almacén organizado mediante ordenadores, parando con ello todo trabajo durante cuatro días.

Estos ejemplos publicados por una revista alemana, dan una idea de la creatividad individual aplicada al sabotaje.

59

El sabotaje es más apasionante que el bricolage, la jardinería o las quinielas. Minuciosamente preparado, puede llegar al punto de desencadenar la huelga salvaje, la ocupación, la desviación de la fábrica en beneficio de todos, e iniciar de este modo el control de cada cual sobre su propia vida cotidiana. Vieja tradición obrera, permite, en ocasiones, relajar un poco los nervios llevando a cabo una pequeña venganza, y en otras, ganar un poco de descanso en espera de las reparaciones. Hasta hoy, rara vez ha superado la fase de la chapuza. Todo el mundo sabe que:

Un martillo o una barra de hierro bastan para destruir un ordenador, un prototipo, material de precisión, los cronómetros, los robots que controlan e imponen el ritmo de la producción.

Una fuente de calor aproximada al disparador suelta el agua de las mangas de riego fijadas al techos de los grandes almacenes y de las zonas de depósito.

Unas cuantas virutas de hierro en el carburador, azúcar en el depósito de gasolina, sulforicinato de amoníaco en el cárter inutiliza el coche de un policía, de un patrono, de un esquirol, de un dirigente sindical.

La difusión de los números de teléfono de los defensores del Estado y de la matrícula de su coche puede servir de arma de disuasión y de desmoralización.

Pero ahora estamos comenzando a salir realmente de la era de la chapuza.

60

Cuanto más se complica el sistema mercantil, más bastan para destruirlo unos medios simples.

61

El terrorismo es la recuperación del sabotaje, su ideología, su imagen separada. Aunque sea útil cuando comienzan las huelgas salvajes destruir las cajas registradoras de los supermercados, entregar el dinero de las cajas al personal en huelga, organizar una distribución salvaje de los productos y explicar en qué consistirá la autogestión general, resulta absurdo desencadenar la misma operación sin vinculación con el movimiento de desviación de las fábricas.

62

El lado positivo del sabotaje está en que más acostumbrados que los patronos a conocer los errores cometidos en la producción a consecuencia de la carrera tras el beneficio, los obreros son tan capaces de agravarlos como de corregirlos cuando se trata de desviar la fábrica en propio beneficio. La experiencia de Lip – inicialmente recuperada porque no consiguió romper radicalmente con el sistema mercantil – ha subrayado al menos la evidencia de que los obreros son los únicos que están armados para cambiar definitivamente el mundo. [1] En el actual estado de las fuerzas productivas, somos capaces de todo, y nada puede oponerse de manera duradera a que todos tomemos conciencia de ello.

63

Sometidos a todas las alienaciones, los obreros tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de poseer en sus manos la causa de todas las alienaciones: el proceso mercantil. Dado que sólo tienen el poder destruir la totalidad de lo que les destruye, poseen también la solución global a los problemas de armonización, de desviación de la economía a la organización de nuevas relaciones humanas, basadas en la gratuidad.

64

El sabotaje es el antitrabajo, el antimilitantismo, el antisacrificio por excelencia. Cada cual lo prepara buscando a la vez su propio placer, el interés de todos, un riesgo calculado, la facilidad de ejecución, la ocasión favorable. Habitúa a la autonomía y a la creatividad, y sirve de base real a las relaciones que los revolucionarios desean establecer entre ellos. Es el juego subversivo en el que se rompe la recuperación burocrática. He aquí una descripción de lo que ocurrió en 1968 en una fábrica de coches próxima a Detroit:

“Comenzaron a aparecer en varios lugares de la fábrica unos actos de sabotaje organizados. Al comienzo, eran errores de montaje o incluso unas omisiones de piezas a una escala muy superior a la normal, hasta el punto de que, tras la primera inspección, había que rechazar numerosos motores. La organización de la acción provocó diferentes acuerdos entre los verificadores y algunos talleres de montaje, con sentimientos y motivaciones complejas en los obreros implicados – algunos decididos, otros buscando una especie de venganza, y unos terceros participando únicamente por diversión. En cualquier caso, el movimiento se desarrolló rápidamente en un ambiente muy entusiasta..

“En comprobación y en pruebas, en el caso de que el motor hubiera pasado la cadena sin que se “cayeran” sobre él defectos de fabricación, un buen golpe de llave inglesa en el filtro del aceite, en una biela o en el distribuidor acaba de arreglar las cosas. Otras veces los motores eran simplemente rechazados porque hacían algún ruido al girar…

“Los proyectos concebidos en estas innumerables reuniones llevaron finalmente al sabotaje a escala de toda la fábrica de los motores V-8. Al igual que los seis cilindros, los V-8 se montaban de manera defectuosa o eran averiados en el curso del viaje para que fueran rechazados. Por otra parte, los verificadores de pruebas se pusieron de acuerdo para rechazar algo así como tres motores de cada cuatro o cinco que comprobaban…

“Sin la menor confesión de sabotaje por parte de los obreros, el jefe se vio obligado a entrar en una tortuosa exposición, que llegó incluso a sacarle de sus casillas, intentando explicar a los trabajadores que no debían rechaza unos motores que, evidentemente, eran de muy mala calidad, pero sin poderlo decir abiertamente. Todos sus intentos fueron inútiles, pues los obreros, con la mayor frescura del mundo, le contestaron incesantemente que sus intereses y los de la compañía eran lo mismo y que su deber era asegurar la fabricación de productos de primera calidad…

“Para ganar tiempo libre, durante el verano se elaboró un programa de sabotaje rotativo a nivel de toda la fábrica. En una reunión, los obreros eligieron unos números del 1 al 50 o más. Se hicieron reuniones similares en otras secciones de la fábrica. Cada obrero era responsable de un período de unos 20 minutos en los quince días siguientes, y cuando le llegaba el turno hacía algo para sabotear la producción en su taller, de ser posible algo suficientemente grave para parar toda la cadena. Tan pronto como el jefe enviaba un equipo para reparar la “avería”, se reproducía el hecho en otro lugar clave. De esta manera toda la fábrica descansaba entre 5 y 20 minutos por hora durante una cantidad de semanas, bien a causa de un parón de la cadena o de la falta de llegada de motores. Las técnicas utilizadas para el sabotaje son muy numerosas y variadas, y ni siquiera conozco las que se emplearon en la mayoría de los talleres…

“Los controladores, en el banco de prueba de los motores, organizaron un concurso con las bielas que necesitaba unos vigías puestos en las entradas del taller y unos acuerdos establecidos con los obreros de la cadena de montaje de los motores, por ejemplo, que no ajustaran del todo las bielas de unos cuantos motores tomados al azar. Cuando un verificador percibía unas vibraciones dudosas, gritaba a todos que despejaran el taller y los obreros abandonaban inmediatamente su trabajo para protegerse detrás de las cajas y las estanterías. A continuación, ponía el motor a 4 o 5.000 revoluciones por minuto. El motor hacía toda clase de ruidos y de golpes de chatarra y finalmente se paraba; con un fuerte y seco crujido, la biela suelta reventaba el cárter y salía disparada al otro lado del taller. Los muchachos salían entonces de sus parapetos lanzando hurras y se marcaba con tiza en la pared un punto para ese verificador. La competición se prolongó durante varios meses, provocando el estallido de más de 150 motores. Y las apuestas llevaban buena marcha.

“En otro caso todo comenzó con dos tipos que un día de calor se duchaban con las mangueras utilizadas en el taller de pruebas. La cosa acabó con una batalla campal de chorros de agua por todo el taller que duró varios días. La mayoría de los motores eran ignorados o aprobados a toda velocidad para que los muchachos estuviesen disponibles para la batalla, y en numerosos casos los motores eran destruidos o estropeados para sacárselos de encima rápidamente. En general, en la batalla habían 10 o 15 mangueras en acción, todas con una presión comparable a la de una manguera de incendios. El agua corría por todas partes, los tipos reían, gritaban y corrían de un lado a otro: en tal atmósfera, eran muy escasos los que tenían humor de seguir trabajando. El taller solía estar totalmente inundado y los chicos empapados de pies a cabeza. Muy pronto, trajeron toda clase de pistolas de agua, mangas de riego y cubos, y el juego adquirió durante unas horas unas dimensiones de juerga enorme. Un tipo se paseaba con el gorro de baño de su mujer en la cabeza, con gran jolgorio del resto de la fábrica que no estaba al corriente de lo que pasaba en el taller de pruebas…” (“Lordstown 72”, folleto publicado por 4 millions de Jeunes Travailleurs B.P. 8806, 75261 Paris Cedex 06.)

65

El problema de la organización es un problema abstracto si no responde a la pregunta “¿quién organiza y por qué?”. En el mejor de los casos, las organizaciones constituidas al margen de los obreros han llegado a la impotencia práctica, y casi siempre a la renovación de los aparatos burocráticos. Las organizaciones constituidas en nombre de los obreros han creado, en el mejor de los casos, unas condiciones de burocratización, y casi siempre se han convertido en instrumentos de opresión paraestatal. La única forma de organización realmente obrera y revolucionaria es la asamblea de autogestión generalizada (ver cap. III, I). Lo que prepara no son otras organizaciones, necesariamente híbridas y separadas, sino la acción revolucionaria para la cual sólo es necesario unos grupos de intervención formados para una acción precisa y autodisueltos cuando ya no los justifica una práctica precisa.

66

Los grupos efímeros, formados mientras dura una acción precisa y la explotación de sus efectos, velarán por el respeto a la autonomía individual, con el rechazo de todo militantismo y exclusión de todo sacrificio. La única disciplina será la adoptada después de la discusión y regulada por las necesidades de la empresa y de la protección contra todo peligro de represión.

67

Todo revolucionario tiene derecho a actuar individualmente, en comandos o grupos efímeros, pero debe estar atento a no funcionar separadamente, es decir, perdiendo de vista la línea táctica que va de los actos de sabotaje y de desviación a la huelga salvaje, y de la huelga salvaje a la ocupación y a la desviación colectiva de las fábricas. Nuestra revolución es una revolución total y unitaria. Eso significa, por ejemplo, que el sabotaje no se limita al antitrabajo sino que se enfrenta globalmente a la mercancía, liquidando las actitudes autoritarias, los tabúes (incesto, represión sexual), las conductas exclusivistas (celos, avaricia), las mentiras de la representación, etc.; que estimula por todas partes la libertad y el reforzamiento de las pasiones, la armonización de los deseos y de las voluntades individuales…

68

Sólo unos grupos de autodefensa, formados a partir del proyecto de una acción precisa y prontos a desaparecer una vez alcanzado el objetivo y asegurada la protección de todos, pueden preparar de manera coherente la aparición de condiciones favorables al establecimiento de asambleas de autogestión generalizada.

69

Los obreros antitrabajo, antipartidos, antisindicatos, antimercancía, antisacrificio, antijerarquía formarán los grupos ocasionales de autodefensa. Los “gamberros de fábrica”, como los denominan el frente de los estatalistas (de los fascistas a los maoístas), forman la base de un movimiento sin el cual la acción de los “gamberros de barrio” cae en el terrorismo, y del que nacerán necesariamente las asambleas de autogestión generalizada.

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La mejor garantía de seguridad de que puede rodearse un grupo de sabotaje y de desviación, es el desencadenamiento de un movimiento colectivo de entusiasmo revolucionario en el conjunto de los obreros y de la población. El mejor anonimato es la adhesión de la gran mayoría.

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La falta de decisiones tomadas jerárquicamente limita los riesgos de manipulación policíaca o de maquinación burocrática. De todos modos, cualquier grupo efímero de intervención está interesado en:

a) Constituirse entre personas que se conozcan bien.

b) Tener en cuenta las capacidades y las debilidades de cada cual, y adecuarlas a la acción.

c) Prever el fracaso del plan por traición o desfallecimiento, y preparar las diferentes respuestas posibles procurando evitar cualquier represión general (por ejemplo, tomando rehenes y disponiendo la exterminación de los probables exterminadores y de sus cómplices, etc.), lanzar una segunda oleada de acciones que corrijan las primeras, extraer las debidas lecciones de los fracasos, transformar prácticamente todo fracaso en derrota de los defensores del Estado.

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De manera general, una acción subversiva, lanzada por un grupo de guerrilla contra el sistema dominante, debería responder por lo menos a cuatro preocupaciones:

a) Experimentar la creatividad y la autonomía individuales al tiempo que se afinan las relaciones de acuerdos y desacuerdos entre los participantes.

b) Estudiar las modalidades de represión probable y la manera de responder con la mayor rapidez para el beneficio de la gran mayoría.

c) Llevar la lucha a todos los aspectos de la vida cotidiana, que es el lugar real donde se registran todos los progresos y los errores de la revolución prolongada.

d) No perder de vista el goce real y la calidad de vida para todos los obreros de una fábrica, para todo un barrio, para el proletariado.

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El criterio del éxito se mide por la rapidez del paso del sabotaje y de la desviación individuales a la huelga salvaje y a la desviación colectiva. Sólo la práctica pone en marcha el proyecto de autogestión generalizada.

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La base de la autogestión generalizada no es el individuo sino el individuo revolucionario, que sólo obedece a un compromiso momentáneo sobre un objetivo concreto y a su propio placer llevado hasta la coherencia global; sin depender de ningún fetichismo organizativo.

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Un acto de sabotaje o de desviación, sea individual o colectivo, no se improvisa sino que se prepara como una operación de hostigamiento. Calcular el momento oportuno, la correlación de fuerzas comprometida por una y otra parte, la disposición de los espacios, las defecciones y los errores posibles y toda la gama de su corrección, las posibilidades de retirada, los riesgos. Unir la acción a una estrategia global cuyo centro permanente sea la construcción de la autogestión generalizada.

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Es bueno organizar la difusión de informaciones sobre las fábricas, los cuarteles, los lugares de telecomunicación… a fin de que los planes de acceso, los métodos de sabotaje, los modos de funcionamiento estén en manos de varios y a disposición de muchos espíritus creativos.

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Es bueno que textos como éste sean discutidos, criticados, corregidos, pero no en abstracto. Sólo la práctica lleva consigo la crítica real del proyecto revolucionario.

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De igual manera, el mejor modo de acabar con las ideologías y sus ejércitos de burócratas, es luchar con la mayor coherencia y la mayor precisión en favor de la autogestión generalizada. Tan pronto como las huelgas salvajes permitirán formar unas asambleas de autogestión, con sus delegados elegidos, responsables y revocables, tan pronto como será aplicada la gratuidad de los bienes, los ideólogos verán cómo la crítica en armas se alza contra sus opciones estatales y burocráticas y denuncia definitivamente las mentiras tras las cuales se disimulan.

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La evidencia teórica según la cual “el derecho de vivir apasionadamente pasa por la liquidación total del sistema espectacular-mercantil” debe alcanzar ahora una coherencia práctica que va del proyecto estratégico global a los menores detalles de la lucha práctica. Por dicho motivo, no es inútil que cada cual redacte y difunda sus recetas de juego subversivo (por ejemplo que es posible desalojar a cualquier enemigo de su local lanzando a la vez una botella de lejía – hipoclorito de sosa – y un frasco de un producto para desincrustar y desatascar los fregaderos y los WC – a base de hidrato de sodio; que una hora antes de estar sometido a un tiro de granadas lacrimógenas conviene ingerir unos comprimidos de antihistamínicos [rumicina]; etc.). Convendrá desconfiar de las falsas indicaciones dadas por los propios policías.

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La lucha por la destrucción radical de la mercancía corre inseparable a la construcción cotidiana de una vida apasionantes, liberada de los tabúes y de las obligaciones. Todo proyecto revolucionario se apoya necesariamente en la búsqueda de un enriquecimiento pasional, en un cálculo y un juego de riesgo y de placer (riesgo mínimo, placer máximo).


NOTAS

1. Los obreros de Lip han demostrado hasta qué punto no han conseguido avanzar. Limitados por el carácter parasitario de su industria, han actuado parcialmente de manera muy correcta haciendo funcionar la fábrica por su cuenta, apoderándose del stock y asegurándose una paga salvaje. Pero al mantener los jefes sindicales, al reducir su movimiento a la defensa del “derecho al trabajo”, al permitir a los peores enemigos de la revolución que aplaudieran el espectáculo de su huelga, han renunciado a su propia autonomía, no han dejado al movimiento ninguna posibilidad de expansión ni iniciado ningún cambio histórico real.

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