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Movilizaciones contra la crisis en España (II): el problema de la inacción de la oposición social

Las manifestaciones multitudinarias surgidas a raíz del 15 de mayo de 2011 fueron una buena muestra de que el descontento hacia las instituciones políticas y el sistema económico se ha generalizado. Contagiados del efecto de la revolución árabe y de las protestas griegas, en España comenzamos lo que pudo haber sido el principio de una crisis institucional que realmente ponga en peligro los cimientos de esta democracia vigilada al servicio de los intereses de la rancia oligarquía española y de los carroñeros financieros internacionales.

Sin embargo, aún estamos lejos del #spanishrevolution. La energía de las multitudes que salieron a desafiar la represión policial y el desprecio político, no es la misma que se invierte un año después contra un enemigo político que tiene menos remilgos hacia la represión de las protestas que los demostrados por el ejecutivo anterior.

Es posible que ahora mismo seamos presa de la incredulidad, ante el desajuste que supone la salvación del abismo que prometió el Partido Popular y la doctrina de choque económico a la que nos ha sometido. Ratificando la tesis de Naomi Klein, se ha aprovechado la coyuntura de crisis financiera para instaurar un estado de terror y confusión generalizado, con la intención de hacernos ver como inevitables las reformas que están haciendo desaparecer todo lo que se había conquistado socialmente.

Así, es normal que se haya generalizado la indignación ante este expolio inaguantable, y que se haya reunido en la calle una amalgama de personas de distinta procedencia social que, en general, pide una vuelta al estado anterior: que nos sea devuelto todo el bienestar económico, los servicios sociales y la fe en el progreso que teníamos hasta hace unos pocos meses(como si eso fuera posible ahora que hemos vendido los muebles al usurero alemán).

En este escenario de ruina, es difícil que salgan propuestas políticas de gran calado que vayan van más allá del mero castigo a los causantes de la crisis. Esto es sin duda muy necesario, pero no nos va a dar de comer. Es más, va a arreglar poco ya que es probable que no se libere el capital suficiente para que regresemos a la lógica de consumo y bienestar material anterior.

Por tanto, faltarían propuestas reales y pedagógicas: es necesario informar que, o aceptamos la crisis y las soluciones que nos proponen los gobernantes, sufrimos el deterioro económico absoluto y terminamos estabilizando nuestro estatus económico en la pobreza y precariedad (nunca volveremos a ser lo que fuimos); o le damos a este sistema un vuelco, empezamos de nuevo y repartimos la riqueza y el poder. Un nuevo proceso constituyente, o un nuevo pacto social, como piden por ahí.

Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz. El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.

Extracto del Manifiesto ¡Democracia Real YA!

Esta manifestación de la voluntad de una multitud lo suficientemente representativa y con ánimo de cambio en el nivel sociopolítico, precisa primero salir de lo virtual y ponerse a pie de calle, hacerla pública y, por qué no, implicar al menos a algún actor político tradicional que sea capaz de dar de ir de la palabrería vacía a los hechos, con una vocación real de transformación.

Mientras tanto, seguiremos viendo manifestaciones indignadas y organizaciones políticas y sindicales que intentan sintonizar con esa energía y llevársela a su terreno; cooptando a sus miembros y canalizando las intenciones de cambio hacia propuestas contemporizadoras, que solo sirvan para tratar de acaparar poder… Y desmovilizar al personal.

Si los líderes sindicales consiguen retomar la dirección del movimiento, se asiste a una extinción gradual de la lucha, como consecuencia de un pacto firmado entre los capitalistas y los jefes obreros.

Anton Panenkoek – Para luchar contra el capital, hay que luchar también contra el sindicato (1938) – Capítulo II El devenir del viejo movimiento obrero

El caso es que, para nuestra izquierda oficial, desganada y desorientada, las manifestaciones y la coyuntura socioeconómica constituyen la enésima oportunidad de salir de su barricada, y conectar con la realidad y con la gente.

Lo que se me hace más complicado de ver ahora es el despertar político de la clase trabajadora, o la ruptura unilateral del pacto social. Más quisiéramos. Quizá haya un ataque continuo al statu quo de la clase trabajadora, pero ni la hemos asumido ni se ha materializado en las leyes fundamentales del sistema democrático imperante.

Hay que recordar que la “revuelta democrática” y organizada del 15M en 2011 ha perdido fuelle en el momento oportuno, y se ha cedido el protagonismo a los de siempre. El grito de “¡no nos representan!”, que también incluía a las organizaciones obreras tradicionales, parece ahora subsidiaria ante la urgencia de encontrar dinero y trabajo para pagar nuestra supervivencia.

De esta manera hemos pasado del escenario de crisis de legitimidad de las instituciones y confrontación con el sistema, en el que las multitudes toman el control de la agenda política, a una Primavera Política asistida por los actores que nos han llevado de la mano desde la Transición a este sistema extraño y peligroso.

Y mientras, los líderes y sus organizaciones de masas, tratarán de pescar en este río revuelto. No sabemos cuáles serán los beneficios en materia de afiliación de UGT o CC.OO. o la cantidad de votos que pescarán IU o UpyD, pero lo que está claro es que algún beneficio sacarán del descrédito del bipartidismo político.

Como si estuvieran libre de culpas, su agenda parece transcurrir lenta y plácidamente en el mainstream político institucional, ajenos al sufrimiento que soportamos por culpa de su inacción, por sus ganas de no pronunciarse más de lo debido, pues ya habrá tiempo en época electoral.

Y aún se escandalizan del desprecio que recogen…

@agarzon Este protofascismo cristalizado en la actitud antipolítica es peligroso porque yerra en el blanco: ¡no es la Política sino la falta de ella!

Mensaje en Twitter de Alberto Garzón el día 7 de agosto de 2012. Economista y Diputado en el Congreso por Izquierda Unida. Portavoz de IU en las comisiones de Hacienda, Economía y Presupuestos. Militante destacado del 15M.

Pero ¿podemos permitirnos pensar qué hacemos mientras tanto?

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Movilizaciones contra la crisis en España (I) Las protestas del #19J

La respuesta popular a las criminales “medidas de ajuste” del gobierno español, que suponen la práctica desaparición de todas las políticas de protección social, ha sido masiva este 19 de Julio. Sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales y la población en general han escenificado una imagen de unidad y fuerza frente al gobierno pocas veces exhibida en moderna democracia constitucional del Reino de España.

Una imagen que todo el mundo esperaba, por otra parte.

El éxito de las movilizaciones sociales del #19J se ha venido gestando desde que se conocieron las intenciones del Partido Popular de hacer recaer el pago de la deuda generada en estos años de crisis en la mayoría trabajadora. Este histórico día de julio salimos a manifestar la indignación que nos latía dentro desde que el gobierno títere de los especuladores anunciara lo que se nos venía encima.

Mientras esperábamos la votación en un estricto respeto democrático hacia nuestros representantes políticos para con posterioridad tomar la calle ordenadamente, en los medios se calentaba el ambiente con los trapos sucios de diputadas pijas malencaradas, familias corruptas de princesas, banqueros sádicos, capos de la CEOE, subdelegadas del gobierno de Madrid y partidos nacionalistas catalanes que pretenden convertir España en una reedición del Chile de Pinochet con la colaboración de la ultraderecha española gobernante.

Previamente, la aletargada clase funcionarial parecía despertar de su autismo al enterarse de la reducción en sus nóminas y salieron a quemar las calles; hasta se supo que policías se entregaron alegremente al noble arte del sabotaje, reivindicando la misma naturaleza obrera que, digamos, los mineros a los que días antes abrían la cabeza a base de porrazos.  

Las redes sociales, expresión moderna de la opinión pública 2.0, libraban su propia batalla editorial y desde el lado militante parecía prepararse una rebelión del pueblo contra el gobierno tirano que haría relamerse de gusto a Thomas Jefferson. Sigue leyendo Movilizaciones contra la crisis en España (I) Las protestas del #19J