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[Fermín Salvochea] La Contribución de Sangre

I Su origen

Desde los más remotos tiempos el desnivel intelectual, nacido, naturalmente, como el físico en el seno de las sociedades humanas, y agrandado y desarrollado artificialmente después en provecho aparente de los menos y en perjuicio de los más, primero y de todos al fin, ha sido la causa fundamental de la calamidad que lamentamos, origen, a su vez, de cuantos males han afligido y pesan todavía sobre los mortales.

De todos los tributos pagados por los vencidos a los vencedores, ninguno tan odioso, tan inicuo y tan detestable como éste: que el oprimido se preste a dar al conquistador el producto de su trabajo y sufra la ley del vencido, se comprende, por más que se deplore, pero que llegue hasta tal punto su abatimiento moral que se resigne a entregar a su semejante convertido en su señor y amo, hasta sus propios hijos, cosa es que traspasa los límites de lo racional, y que en el porvenir, se considerará poco menos que imaginario.

Esta institución, tan repugnante como bochornosa, nacida en la noche de los tiempos, basta por sí sola a hacer repulsiva una civilización que con ella ha tenido la debilidad de transigir, haciendo que el pobre mire con envidia la suerte de aquellos que, a pesar de ser tenidos por salvajes, son mil veces más felices que los esclavos del salario, en los pueblos que dotados, de una vanidad sin límites y de un orgullo tan sólo comparable con su ignorancia, se proclaman a sí mismos los portaestandartes de la civilización, las fuentes del progreso y los depositarios del saber. Sigue leyendo [Fermín Salvochea] La Contribución de Sangre

[Paul Fayerabend] Ciencia y Anarquía

Al anarquismo que está contra el orden establecido le gustaría destruir ese orden o evadirse de el. Los anarquistas políticos están en contra de las instituciones políticas; los anarquistas confesionales están, en algunos casos, contra todo el orden material, probablemente porque ven el mundo como un dominio inferior del ser y quieren mantener su vida lejos de su influencia. Ambos grupos tienen ideas dogmáticas acerca de lo que es verdadero, bueno y valioso para la humanidad.

Por ejemplo, después de la Ilustración, el anarquismo político estuvo marcado por la fe en la ciencia y en la luz natural de la razón. Supóngase que ya no hay más límites: la luz natural de la razón sabrá hasta donde se puede llegar. Supóngase que ya no hay métodos de educación e instrucción: los hombres se educaran e instruirán a si mismos. Supóngase que ya no hay instituciones políticas: los hombres se reunirán en grupos que reflejen sus tendencias naturales, convirtiéndose así en parte de una vida armoniosa (no alienada). Sigue leyendo [Paul Fayerabend] Ciencia y Anarquía

"He basado mi causa en nada" 
es el prólogo de El único y su propiedad, de Max Stirner.
Traducción de Eduardo Subirats, 1970.

¿Qué causa es la que voy a defender? Ante todo, mi causa es la buena causa, luego la causa de Dios, de la Verdad, de la Libertad, de la Humanidad, de la Justicia; después, la de mi Príncipe, la de mi Pueblo, la de mi Patria; finalmente, será la del Espíritu, y otras mil causas … ¡Pero la causa que yo defiendo no es mi causa! ¡Abomino del egoísta que no piensa más que en sí!

Pero esos cuyos intereses son sagrados, esos por quienes debemos decidirnos y entusiasmarnos, ¿cómo entienden su causa? Veámoslo.

Vosotros que sabéis de Dios tantas y tan profundas cosas, vosotros que durante siglos habéis explorado las profundidades de la divinidad y habéis penetrado con vuestras miradas hasta el fondo de su corazón, vosotros ¿podéis decirme cómo entiende Dios la causa divina que estamos destinados a servir? Tampoco nos ocultáis los designios del Señor. ¿Qué quiere? ¿Cuál es su causa? ¿Ha abrazado, como a Nosotros se nos ha insinuado, una causa ajena, la causa de la Verdad y del Amor? Este absurdo os subleva y enseñáis que siendo Dios mismo todo Amor y toda Verdad, la causa de la Verdad y del Amor se confunden con la suya y le son consustanciales. Os repugna admitir que Dios pueda parecerse a miserables gusanos como Nosotros y hacer suya la causa ajena. Pero, ¿abrazaría Dios la causa de la Verdad, si no fuese Él mismo la Verdad? Dios no se ocupa más que de su causa, sólo Él es Todo en Todo, de suerte que todo es su causa. Pero nosotros, nosotros no somos Todo en Todo, y nuestra causa es bien mezquina, bien despreciable; así, debemos servir a una causa superior. Está claro; Dios no se preocupa más que de lo suyo, no se ocupa más que de sí mismo, no piensa más que en sí y sólo en sí pone sus miras. ¡Ay de todo aquel que contraríe sus designios! No sirve a nada superior y nada más se satisface a sí mismo. Su causa es una causa puramente egoísta. Sigue leyendo [Max Stirner] He basado mi causa en nada