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[Bob Black] Sobre el anarquismo y otros impedimentos para la Anarquía

“El anarquismo como medio no es tanto un desafío al orden existente como una forma altamente especializada de acomodarse a él”.

En la actualidad no hay necesidad alguna de elaborar nuevas definiciones del anarquismo -sería difícil mejorar las que hace mucho tiempo idearon varios eminentes extranjeros muertos. Tampoco necesitamos detenernos en los conocidos anarquismos con guión, comunistas, individualistas y demás; todo eso ya lo tocan los libros de texto.

Viene más al caso preguntarse por qué hoy no estamos más cerca de la anarquía de lo que estuvieron Godwin y proudhon y Kropotkin y Goldman en su época. Son muchas las razones, pero las que más tendrían que dar que pensar son las que suscitan los propios anarquistas, puesto que de haber obstáculos que fuera posible superar, serían éstos. Posible, pero poco probable.

Tras años de meticuloso escrutinio del medio anarquista, y de angustiosa actividad en su seno en ocasiones, he llegado a la conclusión de que los “anarquistas” son una de las principales razones -sospecho que razón suficiente- por las que la anarquía sigue siendo un epíteto sin la más remota posibilidad de realización. Sigue leyendo [Bob Black] Sobre el anarquismo y otros impedimentos para la Anarquía

[Bob Black] Sobre el anarquismo y otros impedimentos para la Anarquía

En la actualidad no hay necesidad de producir nuevas definiciones de lo que es el anarquismo – sería difícil superar aquellas concebidas hace mucho tiempo por varios eminentes extranjeros ya fallecidos. Ni necesitamos demorarnos en los familiares anarco-comunismo o anarco-individualismo, ni en los demás, los libros de texto cubren todo eso. Más aún, el punto es por qué no estamos nosotros hoy más cerca de la anarquía de lo que lo estaban en su tiempo Godwin, Proudhon, Kropotkin y Goldman. Hay muchas razones, pero aquellas que merecen mayor reflexión son las que los anarquistas mismos engendran, ya que estos obstáculos –si hay alguno- se pueden remover. Es posible, pero no probable.

Lo que considero según mi juicio, después de años de escrutinio y en ocasiones de una espantosa actividad en el medio anarquista, es que los anarquistas son la principal razón –yo sospecho, una razón suficiente- por la cual la anarquía permanece como un epíteto sin un ruego de una oportunidad de ser realizada. Muchas y muchos anarquistas son, francamente, incapaces de vivir de una manera autónoma y cooperativa. Una buena parte de ellos y ellas no son muy brillantes. Ellas y ellos tienden a leer sus propios clásicos y la literatura producida por el grupo mismo, excluyendo un conocimiento más amplio del mundo en el cual viven. Esencialmente tímidos, se asocian con otros como ellos mismos con el conocimiento tácito de que nadie medirá las opiniones de los demás ni actuará contra prácticamente ningún estándar de inteligencia crítica; que ninguno de su o sus logros individuales estará muy por encima del nivel prevaleciente; y, sobre todo, que nadie desafía las contraseñas de la ideología anarquista.

El anarquismo no es en gran medida un desafío al orden existente, antes bien es una forma sobreespecializada de acomodarse en él. Es un modo de vida, o un anexo de uno, con su mezcla particular de recompensas y sacrificios. La pobreza es obligatoria, y por esta misma razón se excluye la pregunta sobre si este o esta anarquista puede ser alguien o un fracasado o fracasada a pesar de la ideología. La historia del anarquismo es una historia incomparable de derrota y martirio, todavía los y las anarquistas veneran a sus antepasados hechos víctimas, con una devoción mórbida que ocasiona la sospecha de que los anarquistas, como todos los demás, piensan que el único anarquista bueno es uno muerto. La revolución – la revolución vencida – es gloriosa, pero pertenece a los libros y panfletos. En este siglo – La España de 1936 y Francia en 1968 son casos sumamente claros – el arrebato revolucionario sorprendió al oficial, los anarquistas organizados llegaron tarde e inicialmente no apoyaron las propuestas o aún peor. La razón de esto no se encuentra lejos; no es que estos ideólogos fueran hipócritas (algunos lo eran), más bien, ellos y ellas trabajaban en una rutina diaria de militancia anarquista, algunos y algunas de ellas contaban inconscientemente con soportar indefinidamente ya que la revolución no era imaginable realmente en el aquí y ahora, así que ellos y ellas reaccionaron con miedo y en actitud defensiva cuando los eventos se distanciaron de su retórica.

En otras palabras, si les dan a escoger entre anarquismo y anarquía la mayoría de las y los anarquistas irán por la ideología del anarquismo y su subcultura antes que tomar un peligroso salto a lo desconocido, dentro de un mundo de libertad estatal. Pero desde que los y las anarquistas son las únicas críticas confesas del estado como tal, estas populares temerosas de la libertad deberían asumir, inevitablemente y de manera prominente, o al menos publicitaria, sus lugares en cualquier insurgencia que fuese genuinamente antiestatal. Ellos y ellas son seguidores, encontraran los líderes de una revolución que amenazará su estatus establecido no menos de lo que lo pueden hacer los políticos y los propietarios. Las y los anarquistas pueden sabotear la revolución, concientemente o de otra manera, que sin ellos podría haber abolido al estado, repitiendo sin pausa a los antiguos debates entre Marx y Bakunin.

De hecho, las anarquistas que asumen este nombre no han hecho nada para cambiar el estado, no con escritos llenos de verborrea illegible, sino con el ejemplo contagioso de otra manera de relacionarse con las demás personas. Cuando los anarquistas conducen las cuestiones del anarquismo son la mejor refutación de las pretenciones anarquistas. En realidad, las más duras “federaciones” de trabajadores organizados de la actualidad en Norteamérica han colapsado por lasitud y acrimonia, y una cosa buena también, porque la estructura social informal del anarquismo, que lo atraviesa, es aún jerárquica. Los anarquistas se someten plácidamente a lo que Bakunin llamó a un “gobierno invisible”, que en su caso consiste en los editores (de hecho si no en el nombre) de un manojo de las publicaciones anarquistas más grandes y de más larga duración.

Estas publicaciones, a pesar de las diferencias ideológicas aparentemente profundas, de cara a sus lectores tienen posiciones similares de “papá sabe lo que es bueno” así como un acuerdo de caballeros para no permitir los ataques entre ellos qué expondrían las inconsistencias y por otra parte minaría el interés de la clase común en la hegemonía de la gente común anarquista. Por raro que parezca, puedes criticar fácilmente a el Fifth Estate o el Kick It Over en sus propias páginas en las cuales critican a, digamos, Processed World[*]. Cada organización tiene más en común con cualquier otra de lo que tiene con cualquier desorganizado. La crítica anarquista del estado, si solo los y las anarquistas la entienden, es sin embargo un caso especial de crítica contra la organización. E incluso a cierto nivel las organizaciones anarquistas se dan cuenta de esto.

Los antianarquistas pueden concluir que si no hay jerarquía y coerción la dejen salir en público, señalado claramente como es. Al contrario de estas autoridades (Los derechistas “libertarios”, los minarquistas, por ejemplo) yo persisto obstinadamente en mi oposición al estado. Pero no porque, como los anarquistas reflexivamente declaran, el estado no sea “necesario”; las personas comunes y corrientes desestiman esta aserción anarquistas a la que consideran absurda, como deben hacerlo. Obviamente, en una sociedad industrializada como la nuestra, el estado es necesario. El punto es que el estado ha creado las condiciones en las cuales es de hecho necesario, despojando a los individuos de su poder de asociarse voluntariamente en el día a día. De manera más fundamental, las bases del estado (trabajo, moralismo, tecnología industrial, organizaciones jerárquicas) no son necesarias sino antes antitéticas para la satisfacción de nuestro deseos y necesidades reales. Desafortunadamente, la mayoría de las tendencias del anarquismo apoyan estas premisas pero oponiendose a su conclusión lógica: el estado.

Si no hubiese anarquistas el estado tendría que inventarlos. Sabemos que en muchas ocasiones se ha hecho exactamente eso. Necesitamos anarquistas sin las trabas del anarquismo. Entonces, y solo entonces, podremos empezar a obtener un fomento serio de la anarquía.

Bob Black

[Hakim Bey] ANARQUÍA POSANARQUISMO.

LA ASOCIACION DE LA ANARQUIA ONTOLOGICA se reúne en cónclave, turbantes negros y túnicas brillantes, tumbados en alfombras de Shiraz sorbiendo café amargo, fumando de largos chibouks y sibsi. PREGUNTA: ¿Cuál es nuestra posición respecto a todos los recientes abandonos y deserciones del anarquismo (especialmente en tierras de California): condenar o condonar? ¿Purgarlos o ensalzarlos como vanguardia? ¿Elite gnóstica… o traidores?

De hecho, tenemos mucha simpatía por estos desertores y por sus diversas críticas del anarquISMO. Como Simbad y el Viejo Horrible, el anarquismo se tambalea con el cadáver de un Mártir mágicamente enganchado sobre los hombros; hechizado por el legado del fracaso y el masoquismo revolucionarios -agua estancada de la historia perdida-.

Entre el Pasado trágico y el Futuro imposible, al anarquismo parece faltarle un Presente; como temeroso de preguntarse a sí mismo, aquí y ahora, ¿CUALES SON MIS VERDADEROS DESEOS? ¿y qué puedo hacer antes de que sea demasiado tarde?… Sí, imagínate a ti mismo cara a cara con un brujo que te mira hostil y pregunta “¿Cuál es tu verdadero deseo?” ¿vacilas, balbuceas, te refugias en tópicos ideológicos? ¿Posees tanto Imaginación como Voluntad, eres capaz de soñar y atreverte, o eres el primo de una fantasía impotente?

Mira en el espejo e inténtalo… (ya que una de tus máscaras es la cara de un brujo)… El “movimiento” anarquista apenas acoge hoy en día a ningún negro, gitano, nativo americano o niño… a pesar de que incluso en teoría son grupos tan genuinamente oprimidos los que han de beneficiarse al máximo de cualquier revuelta antiautoritaria. ¿No será que el anarquISMO no ofrece programas concretos con los que los verdaderamente desposeídos puedan realizar (o al menos luchar de una manera realista para realizar) sus verdaderos deseos y necesidades?

Si es así, entonces este fracaso no sólo explicaría la falta de atractivo que el anarquismo tiene para los pobres y los marginados, sino también el desafecto y las deserciones de entre sus propias filas. Las manifestaciones, piquetes y reimpresiones de los clásicos del siglo XIX no contribuyen a una conspiración vital y atrevida de autoliberación. Si el movimiento ha de crecer en vez de encogerse, habrá que tirar por la borda un montón de madera muerta y abrazar unas cuantas ideas arriesgadas.

El potencial existe. En cualquier momento, un gran número de individuos se va a dar cuenta que les están forzando a tragar una carretada de aburrida mierda histérica y reaccionaria con saborizante artificial. Vastos coros de gruñidos, gemidos, vómitos y nauseas… las turbas iracundas deambulan por los supermercados, destrozando y saqueando… etc., etc. La Bandera Negra podría servir de foco a la indignación y canalizarla hacia una sublevación de la Imaginación. Podríamos recoger la lucha donde la dejaron el situacionismo en el 68 y Autonomía en los setenta, y llevarla a su siguiente fase. La revuelta podría darse en nuestros tiempos; y en el proceso, muchos de nuestros Verdaderos Deseos podrían verse realizados, bien sólo sea por una temporada, una breve utopía pirata, una zona libre plegada en el viejo continuum del espacio-tiempo.

Si la AAO retiene su afiliación con el “movimiento”, no sólo lo hace a cuenta de una predilección romántica por las causas perdidas -o no enteramente al menos-. De todos los “sistemas políticos”, el anarquismo (a pesar de todos sus defectos, y precisamente porque no es ni político ni sistema) se aproxima más a nuestra concepción de la realidad, de la ontología, de la naturaleza del ser. Y en cuanto a los desertores… estamos de acuerdo con sus críticas, pero señalando que no parecen ofrecer nuevas alternativas potentes. Así es que de momento preferimos concentrarnos en transformar el anarquismo desde dentro. Aquí está nuestro programa, camaradas:

1. Trabaja en la conciencia de que el racismo psíquico ha reemplazado a la discriminación abierta como uno de los aspectos más repugnantes de nuestra sociedad. Participación imaginativa en otras culturas, especialmente en aquellas en las que vivimos.

2. Abandona toda pureza ideológica. Abraza el anarquismo “tipo 3” (por usar el término al uso de Bob Black): ni colectivista ni individualista. Limpia el templo de vanos ídolos, desembarázate del Viejo Horrible, de las reliquias y de los martirologios.

3. El movimiento antitrabajo o “Trabajo Cero” es extremadamente importante, incluyendo un ataque radical y quizás violento contra la Educación y la servidumbre de los niños.

4. Desarrolla una trama nacional de samizdat, sustituye las tácticas caducas de publicaciones/propaganda. La pornografía y el entretenimiento popular como vehículos de una reeducación radical.

5. En música la hegemonía del compás 2/4 y del 4/4 ha de ser derrocada. Necesitamos una nueva música, totalmente disparatada pero afirmadora de la vida, potente pero rítmicamente sutil, y la necesitamos YA.

6. El anarquismo tiene que destetarse del materialismo evangélico y del banal cientifismo bidimensional del siglo XIX. Los “estados más elevados de conciencia” no son meros FANTASMAS inventados por sacerdotes malvados. El oriente, lo oculto, las culturas tribales poseen técnicas que pueden ser asimiladas de manera verdaderamente anarquista. Sin “estados más elevados de conciencia”, el anarquismo se consume y seca en una forma de mezquindad, en un quejoso lamento. Necesitamos un tipo práctico de “anarquismo místico”, exento de toda la mierda y el relumbrón new age, e inexorablemente herético y anticlerical; ávido de todas las nuevas tecnologías de conciencia y metanoia; una democratización del chamanismo, ebria y serena.

7. La sexualidad está bajo asalto, obviamente desde la derecha, más sutilmente desde la pseudovanguardia de la “postsexualidad”, e incluso aún mas sutilmente desde la Recuperación Espectacular en los media y la publicidad. Momento para un avance más amplio en la conciencia SexPol, una reafirmación explosiva del eros polimorfo (incluso y especialmente frente a la plaga y la penumbra) una glorificación literal de los sentidos, una doctrina del gozo. Abandona toda vergüenza y todo odio por el mundo.

8. Ensaya nuevas tácticas para reemplazar el caduco equipaje de la izquierda. Enfatiza los beneficios prácticos, materiales y personales de la creación de tramas radicales. Los tiempos no se muestran propicios para la violencia o la combatividad, pero con toda seguridad un poco de sabotaje y de disrupción imaginativa nunca están fuera de lugar. Trama y conspira, no despotriques y te lamentes. El mundo del arte en particular se merece una buena dosis de “terrorismo poético”.

9. La desespacialización de la sociedad postindustrial facilita ciertas ventajas (p. ej. la creación de tramas digitales) pero puede también manifestarse como una forma de opresión (falta de hogar, desarrollismo, despersonalización de la arquitectura, devastación de la naturaleza, etc.) Las comunas de los sesenta intentaron dar un rodeo a estas fuerzas pero fracasaron. La cuestión de la tierra se niega a desaparecer. ¿Cómo podemos separar el concepto de espacio de los mecanismos de control? Los gángsters territoriales, las Naciones Estado, han metido mano al mapa entero. ¿Quién habrá de inventarnos una cartografía de la autonomía, quien puede dibujar un mapa que incluya nuestros deseos?

El anarquISMO implica en última instancia anarquía -y la anarquía es Caos-. Caos es el principio de la creación continua… y Caos nunca murió.

Sesión plenaria de la AAO Marzo del 87, NYC