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[Guy Debord] Comentarios a la Sociedad del Espectáculo.

En 1967, con el libro La sociedad del espectáculo puse de relieve lo que el espectáculo moderno era ya en esencia: el reinado autocrático de la economía mercantil, que ha conseguido un estatuto de soberanía irresponsable, y el conjunto de las nuevas técnicas de gobierno que corresponden a ese reinado. Tras los disturbios de 1968, que se prolongaron durante los años siguientes en diversos países sin conseguir derrocar en ninguna parte el orden establecido, del que el espectáculo surge espontáneamente, éste ha seguido reforzándose en todas partes(…). Incluso ha aprendido nuevos procedimientos defensivos, como suele ocurrir con todo poder amenazado. (…)

Puesto que, con toda seguridad, el espectáculo es hoy más poderoso de lo que era antes, ¿qué hace con ese poder suplementario? ¿Hasta dónde ha llegado que no hubiera llegado antes? ¿Cuáles son, en suma, sus líneas de actuación en este momento? La vaga impresión de que se trata de una especie de invasión rápida que obliga a la gente a llevar una vida completamente distinta, está ampliamente extendida; con todo y con eso, el hecho se vive más bien a la manera en que se experimenta una modificación inexplicable del clima o de cualquier otro equilibrio natural, modificación ante la cual la ignorancia sólo sabe que no tiene nada que decir. Además, muchos admiten que se trata de una invasión civilizadora, al parecer inevitable, e incluso desean colaborar con ella. Quienes así se sitúan prefieren ignorar para qué sirve en concreto esa conquista y también cómo procede.  Sigue leyendo [Guy Debord] Comentarios a la Sociedad del Espectáculo.

La Sociedad del Espectáculo, documental de Guy Debord. Subtítulos en español

[Fermín Salvochea] La Contribución de Sangre

I Su origen

Desde los más remotos tiempos el desnivel intelectual, nacido, naturalmente, como el físico en el seno de las sociedades humanas, y agrandado y desarrollado artificialmente después en provecho aparente de los menos y en perjuicio de los más, primero y de todos al fin, ha sido la causa fundamental de la calamidad que lamentamos, origen, a su vez, de cuantos males han afligido y pesan todavía sobre los mortales.

De todos los tributos pagados por los vencidos a los vencedores, ninguno tan odioso, tan inicuo y tan detestable como éste: que el oprimido se preste a dar al conquistador el producto de su trabajo y sufra la ley del vencido, se comprende, por más que se deplore, pero que llegue hasta tal punto su abatimiento moral que se resigne a entregar a su semejante convertido en su señor y amo, hasta sus propios hijos, cosa es que traspasa los límites de lo racional, y que en el porvenir, se considerará poco menos que imaginario.

Esta institución, tan repugnante como bochornosa, nacida en la noche de los tiempos, basta por sí sola a hacer repulsiva una civilización que con ella ha tenido la debilidad de transigir, haciendo que el pobre mire con envidia la suerte de aquellos que, a pesar de ser tenidos por salvajes, son mil veces más felices que los esclavos del salario, en los pueblos que dotados, de una vanidad sin límites y de un orgullo tan sólo comparable con su ignorancia, se proclaman a sí mismos los portaestandartes de la civilización, las fuentes del progreso y los depositarios del saber. Sigue leyendo [Fermín Salvochea] La Contribución de Sangre