octubre 9, 2011

La ilusión socialdemócrata, por Immanuel Wallerstein

La socialdemocracia tuvo su apogeo en el periodo de 1945 a finales de los años sesenta. En ese entonces, representaba una ideología y un movimiento que estaba en favor de utilizar los recursos del Estado para garantizar que hubiera alguna redistribución para la mayoría de la población en varias maneras concretas: la expansión de las instalaciones educativas y de salud; la garantía de niveles de ingreso de por vida mediante programas que apoyaran las necesidades de los grupos sin empleo con salarios, particularmente los niños y los ancianos; programas para minimizar el desempleo. La socialdemocracia prometía un futuro siempre mejor para las futuras generaciones, una suerte de elevación permanente del nivel de los ingresos nacionales y familiares. A esto se le llamaba estado de bienestar. Era una ideología que reflejaba la visión de que el capitalismo podía reformarse y asumir un rostro más humano. Los socialdemócratas fueron más poderosos en Europa occidental, Australia y Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos (donde se les conocía como demócratas del Nuevo Trato/New Deal). En resumen, su ámbito fueron los acaudalados países del sistema-mundo, aquéllos que constituían lo que podría llamarse un mundo pan-europeo. Eran tan exitosos que sus oponentes de centro-derecha también reivindicaron el concepto de estado de bienestar. Solamente intentaron reducir sus costos y su extensión. En el resto del mundo, los estados intentaron brincar a esta carreta mediante proyectos de desarrollo nacional. La socialdemocracia fue un programa sumamente exitoso durante este periodo. Lo sostuvieron dos realidades de los tiempos: la increíble