julio 25, 2012

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (I) La organización y sus primeras formas

En: Marxists Internet Archive. Publicado originalmente en la revista Living Marxism en 1938. I – [La organización y sus primeras formas] La organización es el principio fundamental de la lucha de la clase obrera por su emancipación. De ello se deriva que, desde el punto de vista del movimento práctico, el problema más importante es el de las formas que debe asumir tal organización. Estas formas están naturalmente determinadas tanto por las condiciones sociales como por los objectivos de la lucha. Lejos de ser un resultado de los caprichos de la teoría, sólo pueden ser creadas por la clase obrera que actua espontáneamente en función de sus propias necesidades inmediatas. Los obreros crearon los sindicatos en la época en que el capitalismo iniciava su expansión. El obrero aislado se veía reducido a la impotencia: por ello tenía que unirse con sus compañeros si quería luchar y discutir con el capitalista la duración de la jornada laboral y el precio de su propia fuerza-trabajo. En el seno del modo de producción capitalista, patronos y obreros tienen intereses antagónicos: su lucha de clase tiene por objeto la repartición del producto social global. Normalmente, los obreros reciben el valor de su propia fuerza-trabajo, es decir, la suma necesaria para mantener su capacidad de trabajo. La parte restante de la producción constituye la plusvalía, la parte que va a la clase capitalista. Para acrecentar sus propios beneficios, los capitalistas tratan de rebajar los salarios y de aumentar la duración de la jornada laboral. Por

[Iruña Gerrak Gelditu] Los apologistas de Assad. El síndrome del avestruz

De Iruña Gerrak Gelditu (Grupos de Iruña contra las Guerras). Publicado el 25 de julio de 2012. El debate en torno a Siria ha caído muy bajo entre quienes se auto identifican izquierdistas y antiimperialistas. Ya es hora de que la discusión se aleje de los ataques personales y se centre más bien, en presentar argumentos concretos y en desarrollar posiciones políticas nítidas. El debate en torno a Siria ha caído muy bajo entre quienes se auto identifican izquierdistas y antiimperialistas. Ya es hora de que la discusión se aleje de los ataques personales y se centre más bien, en presentar argumentos concretos y en desarrollar posiciones políticas nítidas. Ningún sector ha sido más cuestionado por todos lados como el que se ha dado en llamar “la tercera vía”, integrado por los se oponen al mismo tiempo a la intervención extranjera (a la que animan las principales fuerzas de la oposición) y el régimen de Asad. Los apologistas del régimen de Asad, o los que han pasado a ser etiquetados como “primera vía” se esfuerzan por desacreditar la política de esta “tercera vía”. Este ensayo tiene por objeto refutar los argumentos de los apologistas. Con ello, esperamos no sólo exponer las falacias de la retórica de la primera vía sino también argumentar el significado y la implicación que una tercera vía puede tener realmente. Esto último es algo que aún ha de explicarse plenamente en lo que se refiere a sus principios y sus consecuencias. En su intento de distorsionar