agosto 6, 2012

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (III)

III – [Las formas de organización revolucionarias] Son muchos los que continúan concibiendo la revolución proletaria bajo el aspecto de las antiguas revoluciones burguesas, es decir, como una serie de fases que se originan unas a partir de otras; primero, la conquista del poder político y la formación de un nuevo gobierno; después la expropiación, por decreto, de la clase capitalista; y finalmente, una reorganización del proceso de producción. Pero, de este modo, el resultado sólo puede ser una especie de capitalismo de Estado. Para que el proletariado pueda convertirse realmente en el patrón de su propio destino, es preciso que cree simultáneamente su propia organización y las formas del nuevo orden económico. Estos dos elementos con inseparables y constituyen el proceso de la revolución social. Cuando la clase obrera consiga organizarse en un cuerpo único capaz de llevar a cabo acciones de masas potentes y unificadas, la hora de la revolución habrá sonado, ya que el capitalismo sólo puede enseñorearse de los individuos desorganizados. Y cuando las masas organizadas se lanzan a la acción revolucionaria, mientras los poderes constituidos están paralizados y empiezan a disgregarse, las funciones de dirección pasan del antiguo gobierno a las organizaciones obreras. Desde este momento, la tarea principal es la de continuar la producción, asegurar este proceso indispensable a la vida social. En la medida en que la lucha de clase revolucionaria del proletariado contra la burguesía y contra sus órganos es inseparable de la confiscación, por parte de los trabajadores, del aparato de

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (II)

II – [El devenir del viejo movimiento obrero] El desarrollo del capitalismo ha cambiado todo esto. Las pequeñas oficinas han sido sustituidas por las grandes fábricas y las gigantescas empresas en las que trabajan miles o decenas de miles de personas. El crecimiento del capitalismo y de la clase obrera ha tenido como consecuencia el crecimiento de sus respectivas organizaciones. Los sindicatos, que en su origen eran grupos locales, se han transformado en grandes confederaciones nacionales, con centenares de miles de miembros. Deben recoger sumas considerables para sostener huelgas gigantescas, y sumas todavía más enormes para alimentar los fondos de socorro mútuo. Se ha desarrollado toda una burocracia dirigente, un estado mayor pletórico de administradores, de presidentes, de secretarios generales, de directores de periódicos. Encargados de negociar con los patronos, estos hombres se han convertido en especialistas habituados a contemporizar y a ponerse del lado de los «hechos». En definitiva, ellos lo deciden todo, desde el empleo de los fondos el contenido de la prensa; frente a estos nuevos patronos, los afiliados de la base han perdido prácticamente toda su autoridad. Esta metamorfosis de las organizaciones obreras en instrumentos de poder sobre sus propios miembros no carece de antecedentes históricos: siempre que una organización ha crecido desmesuradamente, ha escapado el control de las masas. Idéntico fenómeno se ha producido en las organizaciones políticas, que se han transformado de los pequeños grupos de propagandistas que eran en un principio, en grandes partidos políticos. Sus verdaderos dirigentes son los diputados del Parlamento,

Movilizaciones contra la crisis en España (I) Las protestas del #19J

La respuesta popular a las criminales “medidas de ajuste” del gobierno español, que suponen la práctica desaparición de todas las políticas de protección social, ha sido masiva este 19 de Julio. Sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales y la población en general han escenificado una imagen de unidad y fuerza frente al gobierno pocas veces exhibida en moderna democracia constitucional del Reino de España. Una imagen que todo el mundo esperaba, por otra parte. El éxito de las movilizaciones sociales del #19J se ha venido gestando desde que se conocieron las intenciones del Partido Popular de hacer recaer el pago de la deuda generada en estos años de crisis en la mayoría trabajadora. Este histórico día de julio salimos a manifestar la indignación que nos latía dentro desde que el gobierno títere de los especuladores anunciara lo que se nos venía encima. Mientras esperábamos la votación en un estricto respeto democrático hacia nuestros representantes políticos para con posterioridad tomar la calle ordenadamente, en los medios se calentaba el ambiente con los trapos sucios de diputadas pijas malencaradas, familias corruptas de princesas, banqueros sádicos, capos de la CEOE, subdelegadas del gobierno de Madrid y partidos nacionalistas catalanes que pretenden convertir España en una reedición del Chile de Pinochet con la colaboración de la ultraderecha española gobernante. Previamente, la aletargada clase funcionarial parecía despertar de su autismo al enterarse de la reducción en sus nóminas y salieron a quemar las calles; hasta se supo que policías se entregaron alegremente al noble arte del sabotaje, reivindicando la misma naturaleza obrera que, digamos, los