crisis

[Raoul Vaneigem] Elogio de la pereza refinada

En la opinión que se ha ido forjando al respecto, la pereza se ha beneficiado mucho del creciente descrédito que pesa sobre el trabajo. Antaño erigido en virtud por la burguesía, que extraía su beneficio de él, y por las burocracias sindicales, a las cuales aseguraba la plusvalía de su poder, el embrutecimiento de la faena cotidiana ahora se reconoce como lo que es: una alquimia involutiva que transforma en un saber de plomo el oro de la riqueza existencial. Sin embargo y a pesar de la estima de que disfruta, la pereza continúa sufriendo igualmente por la relación de pareja que, en la tonta asimilación de las bestias a lo que los humanos poseen de más despreciable, persiste en reunir a la cigarra y la hormiga. Querámoslo o no, la pereza sigue atrapada en la trampa del trabajo que rechaza mientras canta. Cuando se trata de no hacer nada, ¿la primera idea que se nos viene a la cabeza no es que la cosa cae por su propio peso? En una sociedad, ay, en la que sin descanso se nos arranca de nosotros mismos, ¿cómo llegar hasta uno mismo sin tropiezos? ¿Cómo instalarse sin esfuerzo en ese estado de gracia en el que no reina sino la indolencia del deseo? ¿No funciona todo para turbar, gracias a las buenos motivos del deber y de la culpabilidad, el recreo sereno de estar en paz en compañía de uno mismo? Georg Groddeck1 percibía con justeza en el arte de no hacer

El desierto de lo real

«Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo, la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio (…) y el que lo engrendre, y (…) hoy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El desierto de lo real» J Baudrillard, Cultura y Simulacro.

Comunicado ante la amenaza de desalojo del CSOA Sin Nombre.

La asamblea del Centro Social Okupado y Autogestionado (CSOA) Sin Nombre quiere informar a través de este comunicado de la situación de amenaza que sufre el CSOA. A los ataques sufridos por la ultraderecha y el fascismo sevillano se suma la amenaza por parte de la administración de desalojar el Centro Social de manera inminente. El CSOA Sin Nombre fue liberado por un grupo heterogéneo de personas hace 8 años. El edificio (anteriormente un colegio de monjas y después uno de educación para adultos) llevaba mas de dos decadas en estado de total abandono. Estado del que era responsable el ayuntamiento de Sevilla y que propicio un grave deterioro del edificio. Durante estos 8 años de okupación se ha rehabilitado gran parte del inmueble y se han realizado una gran cantidad de actividades políticas, culturales y lúdicas, llenando de vida los muros vacíos del edificio. Ha servido como lugar de reunión y trabajo de numerosas asociaciones y colectivos de la ciudad. Actualmente cuenta con una biblioteca con un gran catalogo de libros, una sala de espectáculos, un local de ensayo, un estudio de grabación, un taller de cerveza artesana, un taller de salud, una sala de serigrafía, además de otras pequeñas salas que sirven como lugar de encuentro para los colectivos y personas que utilizan día a día el espacio. Con la amenaza sufrida por parte de la administración se deja ver claramente las intenciones del gobierno municipal de privar a la ciudad de Sevilla de todo lo que disienta