movimiento obrero

In memoriam Joe Hill, Rebelde, agitador, sindicalista. Asesinado por el estado el 19 de noviembre de 1915.

La vida de este agitador laboral sueco de comienzos del siglo XX es algo que merece relatarse y recordarse. Uno de los héroes mártires de los IWW norteamericanos. Compositor de canciones, trabajador itinerante y organizador sindical, Joe Hill se hizo mundialmente famoso después de que un tribunal de Utah le condenó a muerte. Incluso antes de la campaña internacional para revocar su sentencia, Joe Hill ya era bien conocido en las junglas de vagabundos, en las líneas de piquetes y en las manifestaciones obreras como el autor de populares canciones obreras y como agitador de Industrial Workers of the World (IWW). Gracias en gran parte a sus canciones y a su conmovedora y bien publicitada apelación en la víspera de su ejecución – «No gasteis tiempo en funerales, organizad!»- Hill se convirtió y así es recordado como el mártir más conocido de IWW y héroe obrero popular. Joe Hill Nacido Joel Hägglund el 7 de Octubre de 1879, el futuro «trovador del descontento» creció como el cuarto de los seis hijos supervivientes en una devota familia luterana en Gävle, Suecia, donde su padre, Olaf, trabajaba como ferroviario. Sus padres disfrutaban de la música y a menudo hacían cantar a la familia. Siendo joven, Hill componía canciones sobre los miembros de su familia, asistían a conciertos en el local de la asociación obrera de Gävle y tocaba el piano en un café local.

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (V)

V [Consejos o Estado] El socialismo que nos ha transmitido el siglo XIX no era más que la creencia en una misión social atribuida a los jefes socialistas y a los politicastros profesionales: transformar el capitalismo en un sistema económico puesto bajo la dirección del Estado, exento de toda forma de explotación y que diese a todo el mundo la posibilidad de vivir en la abundancia. El inicio y el fin de la lucha de clases era que el único medio que tenían los obreros de conquistar la libertad consistia en llevar a estos socialistas al gobierno. ¿Por qué ésto no se verificó? Porque el insignificante gesto que se hacia durante el breve peso por una cabina electoral no tenía apenas relación con una lucha de clase real. Porque los politicastros socialistas querían luchar por sí solos contra el inmenso poder de la clase capitalista, mientras las masas trabajadores, reducidas al rango de espectadores pasivos, contaban con este puñado de hombres para transformar el mundo. ¿Cómo era posible que, así las cosas, los politicastros no se hubiesen abandonado a la rutina, siempre dispuestos a justificarla, a sus ojos, por haber remediado, con medidas legislativas, los abusos más escandalosos? Hoy es evidente que el socialismo, en el sentido de gestión estatal y planificada de la economía, corresponde al socialismo de Estado, y que el socialismo en el sentido de emancipación de los trabajadores, exige un cambio total de orientación. La nueva orientación del socialismo consiste en la autogestión de la producción,