Panenkoek

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (II)

II – [El devenir del viejo movimiento obrero] El desarrollo del capitalismo ha cambiado todo esto. Las pequeñas oficinas han sido sustituidas por las grandes fábricas y las gigantescas empresas en las que trabajan miles o decenas de miles de personas. El crecimiento del capitalismo y de la clase obrera ha tenido como consecuencia el crecimiento de sus respectivas organizaciones. Los sindicatos, que en su origen eran grupos locales, se han transformado en grandes confederaciones nacionales, con centenares de miles de miembros. Deben recoger sumas considerables para sostener huelgas gigantescas, y sumas todavía más enormes para alimentar los fondos de socorro mútuo. Se ha desarrollado toda una burocracia dirigente, un estado mayor pletórico de administradores, de presidentes, de secretarios generales, de directores de periódicos. Encargados de negociar con los patronos, estos hombres se han convertido en especialistas habituados a contemporizar y a ponerse del lado de los «hechos». En definitiva, ellos lo deciden todo, desde el empleo de los fondos el contenido de la prensa; frente a estos nuevos patronos, los afiliados de la base han perdido prácticamente toda su autoridad. Esta metamorfosis de las organizaciones obreras en instrumentos de poder sobre sus propios miembros no carece de antecedentes históricos: siempre que una organización ha crecido desmesuradamente, ha escapado el control de las masas. Idéntico fenómeno se ha producido en las organizaciones políticas, que se han transformado de los pequeños grupos de propagandistas que eran en un principio, en grandes partidos políticos. Sus verdaderos dirigentes son los diputados del Parlamento,

[Anton Pannekoek] Para luchar contra el capital hay que luchar también contra el sindicato. (I) La organización y sus primeras formas

En: Marxists Internet Archive. Publicado originalmente en la revista Living Marxism en 1938. I – [La organización y sus primeras formas] La organización es el principio fundamental de la lucha de la clase obrera por su emancipación. De ello se deriva que, desde el punto de vista del movimento práctico, el problema más importante es el de las formas que debe asumir tal organización. Estas formas están naturalmente determinadas tanto por las condiciones sociales como por los objectivos de la lucha. Lejos de ser un resultado de los caprichos de la teoría, sólo pueden ser creadas por la clase obrera que actua espontáneamente en función de sus propias necesidades inmediatas. Los obreros crearon los sindicatos en la época en que el capitalismo iniciava su expansión. El obrero aislado se veía reducido a la impotencia: por ello tenía que unirse con sus compañeros si quería luchar y discutir con el capitalista la duración de la jornada laboral y el precio de su propia fuerza-trabajo. En el seno del modo de producción capitalista, patronos y obreros tienen intereses antagónicos: su lucha de clase tiene por objeto la repartición del producto social global. Normalmente, los obreros reciben el valor de su propia fuerza-trabajo, es decir, la suma necesaria para mantener su capacidad de trabajo. La parte restante de la producción constituye la plusvalía, la parte que va a la clase capitalista. Para acrecentar sus propios beneficios, los capitalistas tratan de rebajar los salarios y de aumentar la duración de la jornada laboral. Por